No se dónde puse el cargador del celular. Siempre pierdo todo. ¡Oh! Allí está. Menos mal porque ya tiene poca batería.
Antes de poner a cargar el teléfono lo reviso una vez más. No hay mensajes nuevos. Me aseguro que tiene todo el volumen puesto por si alguien llama.
Enciendo la computadora y coloco el teléfono al lado. Ahora que recuerdo, tengo que bajar la última actualización del antivirus, aunque he pasado un par de semanas sin ver ninguna alerta por malware u otras amenazas.
Trato de entrar en el messenger e introduzco la contraseña mal. Ahora si, ya está. Ummm déjame revisar. Ningún contacto conectado. Que fastidio. Bueno, en realidad Pedro está conectado, pero jamás contesta.
Desde que comenzó la epidemia, hace como 3 semanas, se ha hecho cada vez más difícil contactar a alguien. A los únicos que veo, y sólo en las noches, es a los vampiros. No hablan, gruñen, gritan, pero a decir verdad no son tan escandalosos como esos degenerados que ponen música a todo volumen mientras beben en plena calle hasta la madrugada. Y estando acostumbrado a los malandros, tampoco es que el vandalismo de los vampiros parece algo del otro mundo.
Voy a revisar mi correo. Imagino que la bandeja de entrada ha de estar vacía como en los últimos días. Hey, no espera... ¡¡¡hay un mensaje!!! Lo envía una tal "Lina N.". El asunto dice "Looking for marriage". Rayos. Otro mensaje spam, no se porque no fue directamente a la carpeta de correo no deseado. Pienso que Hotmail nunca va a ser tan bueno en esto como Gmail. Pobre Bill Gates, con tanto dinero y sin poder disfrutar del pequeño placer de ser mejor que su rival. Por cierto que a él también se lo debe haber llevado la epidemia por delante.
Cielos... no he revisado... carpeta... no deseado... ups, ¡hay dos mensajes aquí! ¡Dos mensajes de Sonia! Uno de ellos es de hace un mes. A ver que dice:
- Hola, cómo estás? Ya tienes carro? Si es así podemos salir. Llámame! XOXO.
- Interesada - me digo antes de borrarlo definitivamente.
A ver el segundo mensaje. Oh, éste es de hace una semana.
- Auxilio, por favor ayúdame!!! Estoy en mi casa... aterrorizada... creo que los vampiros saben que estoy escondida aquí... por favor ven a buscarme...
- Interesada - pienso nuevamente. Paso el mensaje a la bandeja de entrada con la intención de responderle cuando tenga tiempo.
Bueno, voy a hacer mi último intento de contactar a alguien hoy pero usando Facebook. Introduzco clave y...
- Woof, woof... woof, woof... Justo antes de presionar "Enter" la perra empieza a ladrar.
Le grito de inmediato - Sam. Saaaaam... Cállate que vas a despertar a los vampiros. Después vienen para acá a tumbar la puerta porque no los dejas dormir. Ven acá Sam. Saaaam.
Sam entra por la puerta al cuarto y se echa junto a mi.
- Escandalosa... Ven Sam, vamos a revisar nuestras cuentas en Facebook.
Por fin presiono "Enter" y accedo a mi cuenta. Voy a mi perfil, donde el único mensaje reciente es "Armando and Sam are now friends". Hago clic en "Sam", veo su perfil y su foto con su huesito de goma en la boca. "Friends", pues sólo 1. Bueno, apenas le creé una cuenta hace 3 días. - Tienes que buscar más amigos Sam - le digo.
Le hecho una miradita al "Ticker" por no dejar, aunque recientemente mis amigos no están haciendo mucho como para mostrarlo en tiempo real (o irreal). ¡Oh! pero si aquí hay algo que acaba de añadir Rafaela:
"Rafaela added a new photo to the album Cazando Vampiros"
Me sorprendo al ver la foto de Rafaela vestida como de uniforme de campaña sosteniendo por los cabellos, con sus propias manos desnudas, la cabeza de un vampiro.
Dios... ¡Esto significa que hay alguien más vivo! ¡Alguien más vivo!
Me sorprendo aún más al ver que en la esquina inferior derecha de la pantalla. Mi corazón empieza a palpitar aceleradamente, gruesas gotas de sudor empiezan a correr por mi frente, mis manos temblan tanto que casi no puedo sujetar el mouse.
"Chat (1)"
Alguien conectado. Alguien conectado. Alguien... Hago clic y veo que es Rafaela que está conectada. Como quien no quiere la cosa le escribo:
- Hola, cómo estás? Qué has hecho?
¡Por fin! ¡Alguien en medio de esta soledad! ¡Pero ya no más! Mi amiga Rafaela. Hace ya tanto tiempo que la conozco, y ahora la consigo precisamente aquí, en esta circunstancia.
Espero 1 minuto. No responde.
Espero 5 minutos. No responde. Le escribo nuevamente:
- Estás ahí?
Nada.
Tras una 1 minuto más de espera, leo lo que tanto temía:
"Rafaela is unavailable, but you can still send her a message"
Lleno de rabia e impotencia voy a salir de Facebook cuando veo que acabo de recibir un nuevo "Friend Request". Es Sonia otra vez. Presiono "Not Now".
Log Out.
Pienso nuevamente en Rafaela. Luego en Sonia.
- Interesada...
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domingo, 9 de octubre de 2011
lunes, 3 de octubre de 2011
Mis manos
Desde pequeño me sentí extraño porque mis manos eran diferentes.
Manos de viejo. Manos llenas de surcos, de arrugas. No eran como las de otros niños.
Manos que lucen como las de aquel que ha trabajado con ellas toda la vida, como aquel que ha arado la tierra para sembrar semillas, para arrancar la mala hierba, para cosechar después de esfuerzo.
Manos como las de aquel que ha dicho adiós tantas veces.
Manos que hablan del pasado, que forman parte de los recuerdos.
Con el canto de mis manos seco mis lágrimas. Manos con vida. Manos inertes. Manos que te dejan ir, que quieren sostenerte y no pueden. Manos que buscan acariciar, manos que sólo tocan el aire.
Manos que hablan de sueños, que son premonitorias. Manos blancas, que no dicen nada.
Son manos que, aunque extrañas, son ahora las únicas que conozco, con las que puedo vivir. Cualesquiera otras me son extrañas.
Lo que es extraño para otros, un misterio, es para mi cosa de todos los días.
Y todo esto me lo han enseñado mis manos diferentes.
Manos llenas de cosas para ti. Manos vacías. Manos que delinean tus labios y que acarician tu rostro, manos que te extrañan.
Manos en las que tus manos se ven más bonitas. Manos que no te olvidan.
Todos los derechos reservados A. F.
Manos de viejo. Manos llenas de surcos, de arrugas. No eran como las de otros niños.
Manos que lucen como las de aquel que ha trabajado con ellas toda la vida, como aquel que ha arado la tierra para sembrar semillas, para arrancar la mala hierba, para cosechar después de esfuerzo.
Manos como las de aquel que ha dicho adiós tantas veces.
Manos que hablan del pasado, que forman parte de los recuerdos.
Con el canto de mis manos seco mis lágrimas. Manos con vida. Manos inertes. Manos que te dejan ir, que quieren sostenerte y no pueden. Manos que buscan acariciar, manos que sólo tocan el aire.
Manos que hablan de sueños, que son premonitorias. Manos blancas, que no dicen nada.
Son manos que, aunque extrañas, son ahora las únicas que conozco, con las que puedo vivir. Cualesquiera otras me son extrañas.
Lo que es extraño para otros, un misterio, es para mi cosa de todos los días.
Y todo esto me lo han enseñado mis manos diferentes.
Manos llenas de cosas para ti. Manos vacías. Manos que delinean tus labios y que acarician tu rostro, manos que te extrañan.
Manos en las que tus manos se ven más bonitas. Manos que no te olvidan.
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jueves, 29 de septiembre de 2011
Thriller (Representación Espeluznante)
Mi pana, el otro día estábamos hablando de ti y me acordé de aquella amiga tuya con la que salí una vez. Tremenda loca. Te voy a contar lo que pasó esa noche, ya que nunca lo hice.
Llegué a la casa bastante temprano con la intención de ducharme y arreglarme pero, para variar, no había agua. En aquella época pensaba que Hidrocapital la tenía agarrada conmigo, pero con el tiempo me di cuenta que simplemente eran así de malvados con todo el mundo. Menos mal que la noche anterior se me había ocurrido llenar unos tobos, así me pude dar un baño vaquero. Me paré frente al espejo y chaaaamo, este negrito no se veía tan mal. Ya para aquella época me había hecho el desrizado y la permanente lucía muy bien con el cabello mojado, seguro que a esta chama le iba a gustar. Me puse mis pantalones “tubito” que me quedaban a la altura de los tobillos, medias blancas y la chaqueta roja que había comprado especialmente para la ocasión. Chamo, que galán. Además, las pastillas que ese doctor amigo tuyo me había dado me habían aclarado un poco la piel, me gustaba, espero que eso de verme blanco nunca se me suba a la cabeza. Antes de salir de la casa me miré nuevamente en el espejo, me arremagué la chaqueta a medio brazo, y no pude evitar silbarme a mí mismo ¨fiuuu, fiuuu”. Salí de mi casa cantando esa canción de “Un Solo Pueblo” que dice:
Quien ha visto negro como yo,
quien ha visto negro como yo…
Había invitado a tu amiga en ir a ver una película de terror, de esas que asustan mucho a las mujeres... tú sabes, a ver si en una de esas la chama me daba la oportunidad de agarrarle la mano y besarla. Practiqué una y otra vez, con mi mejor voz de galán, mi frase de conquista para esa noche:
- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –.
Fuimos a un cine que recién habían abierto en la Av. Victoria, lucía bastante bien, pulcro, nada que ver con el teatro Apolo donde las ratas caminaban por encima de las butacas.
La película era un bodrio, me parecía imposible que asustara a alguien. Honestamente, desde mi perspectiva masculina lo mejor era las mujeres que aparecían en ella, bastante guapas... pero muy brutas. Yo estaba devorándome la bolsa completa de cotufas cuando noté que esta chama estaba acurrucada en su asiento, muerta de miedo, temblando. Yo casi no lo podìa creer. Entonces empezó a gritar, se puso en pie y se fue. Me quedé unos segundos con la boca abierta llena de cotufas a medio masticar. Como que ya no le iba a poder ni dar ni un piquito.
Cuando reaccioné, salí del cine tras ella y vi que no se había detenido ni un momento. Me había sacado como dos cuadras de ventaja así que empecé a trotar para alcanzarla, pero la chaqueta me daba calor… Para colmo, había salido del cine sin poder ir al baño, así que iba doblado, casi cojeando. Por fin la alcance, y le dije:
- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –. Pareció tranquilizarse y seguimos caminando. Quien sabe, a lo mejor si le iba a poder agarrar la manito.
Con la carrera no me había fijado que habíamos ido hacia el oeste todo el tiempo, sin parar… y chamo, cuando me di cuenta estábamos en el Cementerio. Que loca esa vaina. Yo estaba chorreado pero me hacía el duro, tú sabes... y ahora resulta que ella caminaba de lo más tranquila.
De repente empezaron a salir malandros por todos lados. Unos bichos feísimos, horribles, todos sucios y con la ropa toda rota. A unos les faltaba una oreja, un ojo, un brazo… o caminaban doblados como yo, que no había ido al baño. Pensé que estarían todos drogados. De repente, tenía casi un ejército de ellos enfrente y me vino a la mente la loca idea de que olìan como a muerto.
Estaba furioso con esta chama por habernos metido en este peo. La miré y supongo que puse cara de loco porque, para colmo, volvió a salir corriendo dejándome solo con los malandros. Pana, y tú vas a decir que yo estoy chiflado, pero te juro que los tipos comenzaron a bailar, no sé, imagino que estaban en una onda “rap” o haciendo un ritual macabro antes de robarme hasta los interiores. Y lo primero que me vino a la mente fue hacer lo mismo que ellos, imitarlos. Sentí como que cantaban algo para acompañar su baile misterioso, era como un susurro, y empecé entonces a cantar la única canción que venía a mi mente en ese momento, mientras trataba de seguir sus pasos:
'Cause this is thriller, thriller night
There ain't no second chance against the thing with forty eyes, girl
Thriller, thriller night
You're fighting for your life inside a killer, thriller tonight
De repente sentí que uno de ellos me tocaba el hombro. Pensé “nada, ya me jodieron”, pero lo que hizo fue acercarse a mi oído y por fin pude entender lo que cantaban:
El meneaito... tuiinn, el meneaito... tuiinn
El meneaito, el meneaito y ahi!!, ahi!, ahi, ahi ahi ahi.
Chamo, ahí si tuve que salir corriendo porque yo nunca supe bailar el meneaito ni acoplarme a la coreografía.
En su carrera la chama me había sacado una buena ventaja, pero afortunadamente yo todavía podía verla. Iba como una loca, gritando por esas calles oscuras. Yo corría como podía, casi arrastrando la pierna con las ganas de ir al baño. ¿Tú sabes lo que hizo esa mujer? ¡¡¡Abrió la puerta de una casa cualquiera y se metió!!! ¿A quién se le ocurre eso?
Cuando llegué a la casa donde ella había entrado me encontraba realmente furioso. Casi tumbo la puerta para poder pasar y entonces la chama se puso a gritar con todas sus fuerzas. Yo la miré, estupefacto.
Chamo ya le iba a dar una cachetada para tranquilizarla y que dejara de gritar (¿quién viviría allí, que no salía al escuchar gente entrando a su casa y una loca pegando alaridos en la sala?)… entonces traté de calmarme… y pensé que todavía tenía chance de darle al menos un besito tierno de buenas noches.
- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –.
La pasé el brazo por la cintura y he intercambiamos una sonrisa. Y entonces abrió su linda boquita para decir la última barbaridad de la noche:
- ¡Ay no! La próxima vez mejor vamos a una discoteca, tengo ganas de bailar "El Meneaíto".
Chamo, allí si se me pusieron los ojos rojos y puyúos. Y yo todavía con ganas de ir al baño.
Todos los derechos reservados A.F.
P.D. Los videos inspiradores de esta entrada pueden verse en los siguientes enlaces. Por favor, tengan cuidado si se impresionan facilmente :-)
http://www.michaeljackson.com/us/thriller-video
http://www.youtube.com/watch?v=aGlNNg7uTUQ&feature=related
Llegué a la casa bastante temprano con la intención de ducharme y arreglarme pero, para variar, no había agua. En aquella época pensaba que Hidrocapital la tenía agarrada conmigo, pero con el tiempo me di cuenta que simplemente eran así de malvados con todo el mundo. Menos mal que la noche anterior se me había ocurrido llenar unos tobos, así me pude dar un baño vaquero. Me paré frente al espejo y chaaaamo, este negrito no se veía tan mal. Ya para aquella época me había hecho el desrizado y la permanente lucía muy bien con el cabello mojado, seguro que a esta chama le iba a gustar. Me puse mis pantalones “tubito” que me quedaban a la altura de los tobillos, medias blancas y la chaqueta roja que había comprado especialmente para la ocasión. Chamo, que galán. Además, las pastillas que ese doctor amigo tuyo me había dado me habían aclarado un poco la piel, me gustaba, espero que eso de verme blanco nunca se me suba a la cabeza. Antes de salir de la casa me miré nuevamente en el espejo, me arremagué la chaqueta a medio brazo, y no pude evitar silbarme a mí mismo ¨fiuuu, fiuuu”. Salí de mi casa cantando esa canción de “Un Solo Pueblo” que dice:
Quien ha visto negro como yo,
quien ha visto negro como yo…
Había invitado a tu amiga en ir a ver una película de terror, de esas que asustan mucho a las mujeres... tú sabes, a ver si en una de esas la chama me daba la oportunidad de agarrarle la mano y besarla. Practiqué una y otra vez, con mi mejor voz de galán, mi frase de conquista para esa noche:
- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –.
Fuimos a un cine que recién habían abierto en la Av. Victoria, lucía bastante bien, pulcro, nada que ver con el teatro Apolo donde las ratas caminaban por encima de las butacas.
La película era un bodrio, me parecía imposible que asustara a alguien. Honestamente, desde mi perspectiva masculina lo mejor era las mujeres que aparecían en ella, bastante guapas... pero muy brutas. Yo estaba devorándome la bolsa completa de cotufas cuando noté que esta chama estaba acurrucada en su asiento, muerta de miedo, temblando. Yo casi no lo podìa creer. Entonces empezó a gritar, se puso en pie y se fue. Me quedé unos segundos con la boca abierta llena de cotufas a medio masticar. Como que ya no le iba a poder ni dar ni un piquito.
Cuando reaccioné, salí del cine tras ella y vi que no se había detenido ni un momento. Me había sacado como dos cuadras de ventaja así que empecé a trotar para alcanzarla, pero la chaqueta me daba calor… Para colmo, había salido del cine sin poder ir al baño, así que iba doblado, casi cojeando. Por fin la alcance, y le dije:
- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –. Pareció tranquilizarse y seguimos caminando. Quien sabe, a lo mejor si le iba a poder agarrar la manito.
Con la carrera no me había fijado que habíamos ido hacia el oeste todo el tiempo, sin parar… y chamo, cuando me di cuenta estábamos en el Cementerio. Que loca esa vaina. Yo estaba chorreado pero me hacía el duro, tú sabes... y ahora resulta que ella caminaba de lo más tranquila.
De repente empezaron a salir malandros por todos lados. Unos bichos feísimos, horribles, todos sucios y con la ropa toda rota. A unos les faltaba una oreja, un ojo, un brazo… o caminaban doblados como yo, que no había ido al baño. Pensé que estarían todos drogados. De repente, tenía casi un ejército de ellos enfrente y me vino a la mente la loca idea de que olìan como a muerto.
Estaba furioso con esta chama por habernos metido en este peo. La miré y supongo que puse cara de loco porque, para colmo, volvió a salir corriendo dejándome solo con los malandros. Pana, y tú vas a decir que yo estoy chiflado, pero te juro que los tipos comenzaron a bailar, no sé, imagino que estaban en una onda “rap” o haciendo un ritual macabro antes de robarme hasta los interiores. Y lo primero que me vino a la mente fue hacer lo mismo que ellos, imitarlos. Sentí como que cantaban algo para acompañar su baile misterioso, era como un susurro, y empecé entonces a cantar la única canción que venía a mi mente en ese momento, mientras trataba de seguir sus pasos:
'Cause this is thriller, thriller night
There ain't no second chance against the thing with forty eyes, girl
Thriller, thriller night
You're fighting for your life inside a killer, thriller tonight
De repente sentí que uno de ellos me tocaba el hombro. Pensé “nada, ya me jodieron”, pero lo que hizo fue acercarse a mi oído y por fin pude entender lo que cantaban:
El meneaito... tuiinn, el meneaito... tuiinn
El meneaito, el meneaito y ahi!!, ahi!, ahi, ahi ahi ahi.
Chamo, ahí si tuve que salir corriendo porque yo nunca supe bailar el meneaito ni acoplarme a la coreografía.
En su carrera la chama me había sacado una buena ventaja, pero afortunadamente yo todavía podía verla. Iba como una loca, gritando por esas calles oscuras. Yo corría como podía, casi arrastrando la pierna con las ganas de ir al baño. ¿Tú sabes lo que hizo esa mujer? ¡¡¡Abrió la puerta de una casa cualquiera y se metió!!! ¿A quién se le ocurre eso?
Cuando llegué a la casa donde ella había entrado me encontraba realmente furioso. Casi tumbo la puerta para poder pasar y entonces la chama se puso a gritar con todas sus fuerzas. Yo la miré, estupefacto.
Chamo ya le iba a dar una cachetada para tranquilizarla y que dejara de gritar (¿quién viviría allí, que no salía al escuchar gente entrando a su casa y una loca pegando alaridos en la sala?)… entonces traté de calmarme… y pensé que todavía tenía chance de darle al menos un besito tierno de buenas noches.
- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –.
La pasé el brazo por la cintura y he intercambiamos una sonrisa. Y entonces abrió su linda boquita para decir la última barbaridad de la noche:
- ¡Ay no! La próxima vez mejor vamos a una discoteca, tengo ganas de bailar "El Meneaíto".
Chamo, allí si se me pusieron los ojos rojos y puyúos. Y yo todavía con ganas de ir al baño.
Todos los derechos reservados A.F.
P.D. Los videos inspiradores de esta entrada pueden verse en los siguientes enlaces. Por favor, tengan cuidado si se impresionan facilmente :-)
http://www.michaeljackson.com/us/thriller-video
http://www.youtube.com/watch?v=aGlNNg7uTUQ&feature=related
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martes, 27 de septiembre de 2011
Lo peor que (me) puede pasar
Abrí los ojos y miré el despertador. Aún era temprano, así que decidí girarme para dormir un poco más. Entonces me di cuenta de que el silencio de la habitación me aturdía y pensé que el ser humano puede llegar a ser muy infeliz. Fue un sentimiento sobrecogedor, inmenso.
Y recordé la frase que actualmente estoy programando en mi cerebro: ¿qué es lo peor que me puede pasar a mí?
Muchos acostumbramos a medir el resultado o valor de nuestras decisiones/elecciones exclusivamente en función de lo peor que puede pasar (a otros), y no vemos aquello a lo que renunciamos. Como consecuencia, podemos terminar haciendo cosas con desgano y hasta con dolor.
Borrar de mi cerebro ese mecanismo sutil y perverso no es fácil, creo que para nadie lo es… pero ahí voy. Lo difícil es aceptar que para muchas decisiones y sus consecuencias, para muchas (muchísimas) cosas ya hechas, no hay paso atrás. Así se nos va la vida, el amor, nuestras carreras o lo que queremos hacer de ellas, aventuras y experiencias enriquecedoras, familia, hijos… y nos enterramos en el fango de lo conocido, de nuestra mal llamada “zona de confort”. Claro, también obtenemos otras cosas a cambio… pero lo que creemos que es lo peor que puede pasar, en ocasiones no se compara con lo peor que nos hacemos a nosotros. A veces nos convertimos en una especie de zombis, sin nada que dar a los demás.
Y para colmo de males, llorar nos está prohibido. ¿Cómo poder explicar, al mundo y a ti mismo, que haces lo que no quieres… y además lloras por ello si es algo que decidiste? A mí me ha servido esta experiencia para llenarme de lágrimas, que hasta tengo miedo de causar una inundación si se me escapan… ¿Ven? Aquí estoy pensando otra vez en los demás. Quizás debí haber dejado que todas esas lágrimas salieran en su momento… llorar porque te fuiste, por dejarte ir, por lo que no vivimos…
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Y recordé la frase que actualmente estoy programando en mi cerebro: ¿qué es lo peor que me puede pasar a mí?
Muchos acostumbramos a medir el resultado o valor de nuestras decisiones/elecciones exclusivamente en función de lo peor que puede pasar (a otros), y no vemos aquello a lo que renunciamos. Como consecuencia, podemos terminar haciendo cosas con desgano y hasta con dolor.
Borrar de mi cerebro ese mecanismo sutil y perverso no es fácil, creo que para nadie lo es… pero ahí voy. Lo difícil es aceptar que para muchas decisiones y sus consecuencias, para muchas (muchísimas) cosas ya hechas, no hay paso atrás. Así se nos va la vida, el amor, nuestras carreras o lo que queremos hacer de ellas, aventuras y experiencias enriquecedoras, familia, hijos… y nos enterramos en el fango de lo conocido, de nuestra mal llamada “zona de confort”. Claro, también obtenemos otras cosas a cambio… pero lo que creemos que es lo peor que puede pasar, en ocasiones no se compara con lo peor que nos hacemos a nosotros. A veces nos convertimos en una especie de zombis, sin nada que dar a los demás.
Y para colmo de males, llorar nos está prohibido. ¿Cómo poder explicar, al mundo y a ti mismo, que haces lo que no quieres… y además lloras por ello si es algo que decidiste? A mí me ha servido esta experiencia para llenarme de lágrimas, que hasta tengo miedo de causar una inundación si se me escapan… ¿Ven? Aquí estoy pensando otra vez en los demás. Quizás debí haber dejado que todas esas lágrimas salieran en su momento… llorar porque te fuiste, por dejarte ir, por lo que no vivimos…
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sábado, 3 de septiembre de 2011
A veces se parecen tanto
La habitación está vacía y relativamente limpia a pesar del paso del tiempo y del descuido. Se asemeja al alma de quien ya no lleva nada consigo, sólo esperanza.
El vacío es sólo quebrantado por una silla de madera un poco desvencijada. En la pared opuesta a la estrecha puerta se encuentra una típica ventana formada por cuatro cristales cuadrados que deja entrar un chorro de luz sin obstáculo durante el día... mientras que pequeñas luciérnagas escapan a través de ella en la noche.
Y desde la habitación, justamente sentado en la silla, a través de la ventana, se le puede ver.
Nunca fue grandioso, o magnífico, pero allí está y es lo que es. Y ahora está muriendo.
Ha llegado hasta este día llevado por las esperanzas más que por los hechos y lo vivido a su alrededor. Nunca ha cobijado a todos aquellos que esperaba, ni los niños han jugado junto a él.
En los momentos difíciles ha logrado seguir en pie, pero la vida no se trata solamente de sobrevivir, sino de que de poder dar a los demás, entregar sin esperar nada a cambio. Hay momentos en que es necesario simplemente seguir adelante, pero a veces la razón de la existencia depende de quedarse y luchar.
Si tan sólo ella viniera. La tierra que le sostiene se ha agrietado en su ausencia. Y cuando ella estuvo, todo fue diferente: sintió la vida dentro de si, sus sueños retoñaron... se percibió a si mismo listo para dar fruto y compatir su alegría con los demás.
Pero la empujó lejos de sí, pensando que sentirse vivo, caminar, abrazar y amar era demasiado para lo que era su existencia, y que ella podría dar y encontrar la felicidad en algún otro lugar. Irónicamente, trato de vivir sin tener vida.
Desde la habitación se le puede ver. Sigue en pie, pero ahora está muriendo.
A veces las personas se parecen tanto a los árboles... y a la lluvia.
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sábado, 30 de abril de 2011
El Túnel
"Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne"
El Túnel, Ernesto Sábato
Yo también soy culpable. Quizás pueda excusarme diciendo, al igual que muchos, que fui engañado. Y claro que no me refiero a la muerte de María Iribarne.
Hoy ha fallecido Sábato. Para mí se ha marchado el escritor, pues eso es lo que he conocido de él. Sin embargo, para muchos se ha marchado un ser humano magnífico, un gigante. Por esto me siento culpable, por no conocerle, pues al igual que muchos fui seducido por lo interesante de su vida, por lo glamoroso, más que por aquello realmente importante, trascendente.
Muchos nos pasamos la vida queriendo ser mejores profesionales, ser más exitosos, tener más dinero, lucir mejor... En verdad son pocos, o menos de los que deberían, los que se preocupan de ser mejores personas, mejores padres e hijos, mejores amigos. Y el señor Sábato, al menos en gran parte de su vida, si lo hizo.
Recuerdo como leí "El Túnel". Era uno de esos libros que típicamente te obligaban a leer en el bachillerato para luego hacer un trabajo sobre él, pero por alguna razón desconocida nunca me pidieron que lo hiciera, supongo que me asignaron otros. Pero a mi primo Manuel si y él lo tenía en su casa, aunque no se si alguna vez lo leyó. Lo cierto es que cuando salíamos a jugar fútbol o simplemente a dar vueltas por allí, lo cual era algo de todos los días, Manuel siempre se demoraba cuando iba a buscarlo a su casa. Un día me topé con el libro y comencé a leerlo, por pasar los minutos, y me gustó. Así fue que encontré algo en que entretenerme mientras esperaba, todos los días leía un poco... y me enganché en la historia. Así, cada día que iba a buscar a mi primo quería también saber que es lo que contaba Juan Pablo Castels de su propia vida.
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martes, 26 de abril de 2011
Gotitas existenciales
"No estaba muerto, estaba de parranda"
Jodedera popular
Jodedera popular
Quizás no haya mejor momento que el "ahora" para empezar a hacer las cosas... o para comenzar de nuevo, como es el caso.
Hoy hablaba (o escribía) sobre la obligación que tenemos de aprender siempre, para poder vivir, para poder ser felices. La pregunta es clara, tal como me la hicieron: ¿hasta cuándo?.
Pues mi respuesta es contundente: no se.
Imagino que debemos hacerlo mientras nos hace falta. ¿Quién no necesita aprender lo que le falta para ser feliz o seguir siendo feliz? ¿Un viejo?, ¿un niño?
Quizás el problema está en lo que entendemos por aprender. Concretamente me refiero a mi mismo, aprender de mi, conocerme. Sin que esto sea algo patológico ni mucho menos, a veces podemos sentirnos como marionetas que nosotros mismos no podemos controlar, no logramos caminar hacia la felicidad y pareciera que nuestros propios hilos los moviera otro... o que simplemente vamos sin rumbo.
Hoy hablaba (o escribía) sobre la obligación que tenemos de aprender siempre, para poder vivir, para poder ser felices. La pregunta es clara, tal como me la hicieron: ¿hasta cuándo?.
Pues mi respuesta es contundente: no se.
Imagino que debemos hacerlo mientras nos hace falta. ¿Quién no necesita aprender lo que le falta para ser feliz o seguir siendo feliz? ¿Un viejo?, ¿un niño?
Quizás el problema está en lo que entendemos por aprender. Concretamente me refiero a mi mismo, aprender de mi, conocerme. Sin que esto sea algo patológico ni mucho menos, a veces podemos sentirnos como marionetas que nosotros mismos no podemos controlar, no logramos caminar hacia la felicidad y pareciera que nuestros propios hilos los moviera otro... o que simplemente vamos sin rumbo.
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