jueves, 29 de septiembre de 2011

Thriller (Representación Espeluznante)

Mi pana, el otro día estábamos hablando de ti y me acordé de aquella amiga tuya con la que salí una vez. Tremenda loca. Te voy a contar lo que pasó esa noche, ya que nunca lo hice.

Llegué a la casa bastante temprano con la intención de ducharme y arreglarme pero, para variar, no había agua. En aquella época pensaba que Hidrocapital la tenía agarrada conmigo, pero con el tiempo me di cuenta que simplemente eran así de malvados con todo el mundo. Menos mal que la noche anterior se me había ocurrido llenar unos tobos, así me pude dar un baño vaquero. Me paré frente al espejo y chaaaamo, este negrito no se veía tan mal. Ya para aquella época me había hecho el desrizado y la permanente lucía muy bien con el cabello mojado, seguro que a esta chama le iba a gustar. Me puse mis pantalones “tubito” que me quedaban a la altura de los tobillos, medias blancas y la chaqueta roja que había comprado especialmente para la ocasión. Chamo, que galán. Además, las pastillas que ese doctor amigo tuyo me había dado me habían aclarado un poco la piel, me gustaba, espero que eso de verme blanco nunca se me suba a la cabeza. Antes de salir de la casa me miré nuevamente en el espejo, me arremagué la chaqueta a medio brazo, y no pude evitar silbarme a mí mismo ¨fiuuu, fiuuu”. Salí de mi casa cantando esa canción de “Un Solo Pueblo” que dice:

Quien ha visto negro como yo,
quien ha visto negro como yo…

Había invitado a tu amiga en ir a ver una película de terror, de esas que asustan mucho a las mujeres... tú sabes, a ver si en una de esas la chama me daba la oportunidad de agarrarle la mano y besarla. Practiqué una y otra vez, con mi mejor voz de galán, mi frase de conquista para esa noche:

- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –.

Fuimos a un cine que recién habían abierto en la Av. Victoria, lucía bastante bien, pulcro, nada que ver con el teatro Apolo donde las ratas caminaban por encima de las butacas.

La película era un bodrio, me parecía imposible que asustara a alguien. Honestamente, desde mi perspectiva masculina lo mejor era las mujeres que aparecían en ella, bastante guapas... pero muy brutas. Yo estaba devorándome la bolsa completa de cotufas cuando noté que esta chama estaba acurrucada en su asiento, muerta de miedo, temblando. Yo casi no lo podìa creer. Entonces empezó a gritar, se puso en pie y se fue. Me quedé unos segundos con la boca abierta llena de cotufas a medio masticar. Como que ya no le iba a poder ni dar ni un piquito.

Cuando reaccioné, salí del cine tras ella y vi que no se había detenido ni un momento. Me había sacado como dos cuadras de ventaja así que empecé a trotar para alcanzarla, pero la chaqueta me daba calor… Para colmo, había salido del cine sin poder ir al baño, así que iba doblado, casi cojeando. Por fin la alcance, y le dije:

- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –. Pareció tranquilizarse y seguimos caminando. Quien sabe, a lo mejor si le iba a poder agarrar la manito.

Con la carrera no me había fijado que habíamos ido hacia el oeste todo el tiempo, sin parar… y chamo, cuando me di cuenta estábamos en el Cementerio. Que loca esa vaina. Yo estaba chorreado pero me hacía el duro, tú sabes... y ahora resulta que ella caminaba de lo más tranquila.

De repente empezaron a salir malandros por todos lados. Unos bichos feísimos, horribles, todos sucios y con la ropa toda rota. A unos les faltaba una oreja, un ojo, un brazo… o caminaban doblados como yo, que no había ido al baño. Pensé que estarían todos drogados. De repente, tenía casi un ejército de ellos enfrente y me vino a la mente la loca idea de que olìan como a muerto.

Estaba furioso con esta chama por habernos metido en este peo. La miré y supongo que puse cara de loco porque, para colmo, volvió a salir corriendo dejándome solo con los malandros. Pana, y tú vas a decir que yo estoy chiflado, pero te juro que los tipos comenzaron a bailar, no sé, imagino que estaban en una onda “rap” o haciendo un ritual macabro antes de robarme hasta los interiores. Y lo primero que me vino a la mente fue hacer lo mismo que ellos, imitarlos. Sentí como que cantaban algo para acompañar su baile misterioso, era como un susurro, y empecé entonces a cantar la única canción que venía a mi mente en ese momento, mientras trataba de seguir sus pasos:

'Cause this is thriller, thriller night
There ain't no second chance against the thing with forty eyes, girl
Thriller, thriller night
You're fighting for your life inside a killer, thriller tonight


De repente sentí que uno de ellos me tocaba el hombro. Pensé “nada, ya me jodieron”, pero lo que hizo fue acercarse a mi oído y por fin pude entender lo que cantaban:

El meneaito... tuiinn, el meneaito... tuiinn
El meneaito, el meneaito y ahi!!, ahi!, ahi, ahi ahi ahi.


Chamo, ahí si tuve que salir corriendo porque yo nunca supe bailar el meneaito ni acoplarme a la coreografía.

En su carrera la chama me había sacado una buena ventaja, pero afortunadamente yo todavía podía verla. Iba como una loca, gritando por esas calles oscuras. Yo corría como podía, casi arrastrando la pierna con las ganas de ir al baño. ¿Tú sabes lo que hizo esa mujer? ¡¡¡Abrió la puerta de una casa cualquiera y se metió!!! ¿A quién se le ocurre eso?

Cuando llegué a la casa donde ella había entrado me encontraba realmente furioso. Casi tumbo la puerta para poder pasar y entonces la chama se puso a gritar con todas sus fuerzas. Yo la miré, estupefacto.

Chamo ya le iba a dar una cachetada para tranquilizarla y que dejara de gritar (¿quién viviría allí, que no salía al escuchar gente entrando a su casa y una loca pegando alaridos en la sala?)… entonces traté de calmarme… y pensé que todavía tenía chance de darle al menos un besito tierno de buenas noches.

- Tranquila mi amor, que estás junto a mí –.

La pasé el brazo por la cintura y he intercambiamos una sonrisa. Y entonces abrió su linda boquita para decir la última barbaridad de la noche:

- ¡Ay no! La próxima vez mejor vamos a una discoteca, tengo ganas de bailar "El Meneaíto".

Chamo, allí si se me pusieron los ojos rojos y puyúos. Y yo todavía con ganas de ir al baño.

Todos los derechos reservados A.F.

P.D. Los videos inspiradores de esta entrada pueden verse en los siguientes enlaces. Por favor, tengan cuidado si se impresionan facilmente :-)
http://www.michaeljackson.com/us/thriller-video
http://www.youtube.com/watch?v=aGlNNg7uTUQ&feature=related

martes, 27 de septiembre de 2011

Lo peor que (me) puede pasar

Abrí los ojos y miré el despertador. Aún era temprano, así que decidí girarme para dormir un poco más. Entonces me di cuenta de que el silencio de la habitación me aturdía y pensé que el ser humano puede llegar a ser muy infeliz. Fue un sentimiento sobrecogedor, inmenso.

Y recordé la frase que actualmente estoy programando en mi cerebro: ¿qué es lo peor que me puede pasar a mí?

Muchos acostumbramos a medir el resultado o valor de nuestras decisiones/elecciones exclusivamente en función de lo peor que puede pasar (a otros), y no vemos aquello a lo que renunciamos. Como consecuencia, podemos terminar haciendo cosas con desgano y hasta con dolor.

Borrar de mi cerebro ese mecanismo sutil y perverso no es fácil, creo que para nadie lo es… pero ahí voy. Lo difícil es aceptar que para muchas decisiones y sus consecuencias, para muchas (muchísimas) cosas ya hechas, no hay paso atrás. Así se nos va la vida, el amor, nuestras carreras o lo que queremos hacer de ellas, aventuras y experiencias enriquecedoras, familia, hijos… y nos enterramos en el fango de lo conocido, de nuestra mal llamada “zona de confort”. Claro, también obtenemos otras cosas a cambio… pero lo que creemos que es lo peor que puede pasar, en ocasiones no se compara con lo peor que nos hacemos a nosotros. A veces nos convertimos en una especie de zombis, sin nada que dar a los demás.

Y para colmo de males, llorar nos está prohibido. ¿Cómo poder explicar, al mundo y a ti mismo, que haces lo que no quieres… y además lloras por ello si es algo que decidiste? A mí me ha servido esta experiencia para llenarme de lágrimas, que hasta tengo miedo de causar una inundación si se me escapan… ¿Ven? Aquí estoy pensando otra vez en los demás. Quizás debí haber dejado que todas esas lágrimas salieran en su momento… llorar porque te fuiste, por dejarte ir, por lo que no vivimos…

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sábado, 3 de septiembre de 2011

A veces se parecen tanto

La habitación está vacía y relativamente limpia a pesar del paso del tiempo y del descuido. Se asemeja al alma de quien ya no lleva nada consigo, sólo esperanza.

El vacío es sólo quebrantado por una silla de madera un poco desvencijada. En la pared opuesta a la estrecha puerta se encuentra una típica ventana formada por cuatro cristales cuadrados que deja entrar un chorro de luz sin obstáculo durante el día... mientras que pequeñas luciérnagas escapan a través de ella en la noche.

Y desde la habitación, justamente sentado en la silla, a través de la ventana, se le puede ver.

Nunca fue grandioso, o magnífico, pero allí está y es lo que es. Y ahora está muriendo.

Ha llegado hasta este día llevado por las esperanzas más que por los hechos y lo vivido a su alrededor. Nunca ha cobijado a todos aquellos que esperaba, ni los niños han jugado junto a él.

En los momentos difíciles ha logrado seguir en pie, pero la vida no se trata solamente de sobrevivir, sino de que de poder dar a los demás, entregar sin esperar nada a cambio. Hay momentos en que es necesario simplemente seguir adelante, pero a veces la razón de la existencia depende de quedarse y luchar.

Si tan sólo ella viniera. La tierra que le sostiene se ha agrietado en su ausencia. Y cuando ella estuvo, todo fue diferente: sintió la vida dentro de si, sus sueños retoñaron... se percibió a si mismo listo para dar fruto y compatir su alegría con los demás.

Pero la empujó lejos de sí, pensando que sentirse vivo, caminar, abrazar y amar era demasiado para lo que era su existencia, y que ella podría dar y encontrar la felicidad en algún otro lugar. Irónicamente, trato de vivir sin tener vida.

Desde la habitación se le puede ver. Sigue en pie, pero ahora está muriendo.

A veces las personas se parecen tanto a los árboles... y a la lluvia.

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