lunes, 25 de febrero de 2013

Una mirada desde el pasado (I)

David revisaba sus notas de la última semana en el computador cuando sonó el comunicador.

- ¿Si? ¿Quién es? - bromeó.

- Papá, ¡sabes muy bien que soy yo! ¿A qué hora vienes?

- Ye estoy terminado, creo que puedo salir en unos 10 minutos.

- ¡OK! ¡No llegues tarde!

- No hay problema, un be... - su hija se desconectó sin que él pudiera terminar la frase.

Como todos los viernes, esa era noche "familiar", en la cual David y María salían, generalmente al cinema a menos que ella decidiera que ninguna película realmente valía la pena. Sin embargo, ya David había sido debidamente informado de todos los detalles de la película que verían hoy.

La revisión de sus notas no arrojó ningún cambio en lo que era su impresión inicial: todo estaba en orden. David siempre había sido de las personas más organizadas en una sociedad en la que la organización lo era todo, pero además gustaba de verificar nuevamente cada asunto antes de cerrarlo definitivamente. Después de decir "apagar", esperó a que la imagen del computador se desvaneciera por completo antes de levantarse de su asiento y dirigirse a la salida.

La sede del "Instituto de Implicaciones" en el que David trabajaba quedaba a unos 500 metros de la estación pública de transportación más cercana. A él le gustaba mucho caminar esa distancia, decía que le recordaba a la forma en que las personas solían hacerlo siglos atrás, en las ciudades de la Tierra.

Al llegar a la estación había varias cabinas desocupadas. Se dirigió a la primera a su derecha, deslizó su tarjeta, dijo su destino en voz alta "casa". Aún no se acostumbraba a la nueva tecnología interpretadora de pensamientos, o más propiamente interpretadora de impulsos cerebrales. Entró a la cabina, escuchó el típico "bip" y cuando retomó consciencia estaba en una de las cabinas de la estación local a cien metros de su hogar. Camino una vez más la distancia, lentamente, pensando. Le parecía imposible que ya hubiesen transcurrido casi 6 años.

Al entrar, le pareció extraño que todas las luces estuvieran apagadas - María, ya llegué, ¿dónde estás? - Ella también acostumbraba a estar esperándolo los viernes de cinema, lista para salir.

- Estoy aquí papá, en el estudio - escuchó. No estaba muy seguro de haberlo logrado, pero no quiso que sonara a reproche sino a broma cuando dijo: - Hija, muchas gracias por la bienvenida tan afectuosa.

- Lo siento Papá, pero es que quiero mostrarte algo.

David se sentía muy orgulloso de María. Ella era una chica inteligente, cuestionadora e inconforme cuando se le obligaba a aceptar las cosas "porque si". Las pruebas escolares habían mostrado que su coeficiente intelectual estaba en el 1% superior entre los individuos "no-mejorados" y por eso había sido aceptada en la universidad tempranamente. Educar a una adolescente como ella era todo un reto pues era una chica muy dulce pero a la vez fuerte y rebelde. A veces le preocupaba la frecuencia con la que se metía en problemas con otras personas, especialmente profesores e instructores, y por su escaso interés en hacer amigos. Al menos, hasta ahora no había escuchado de ella nada aterrador como "¿sabes papá? Me gusta un chico".

Últimamente, María había adoptado como pasatiempo el revisar el material de trabajo que David llevaba a casa. No había ningún peligro de que ella viera algo indebido pues la videoevidencia era automáticamente catalogada y no había forma de sacar información confidencial del Instituto, ni siquiera de su propia oficina. Además, todo el material era, por ley, de carácter público, aunque con ciertas restricciones.

María pasaba horas y horas mirando estos videos. Le interesaba ver las ciudades, los medios de transporte, la tecnología, pero sobre todo le interesaban las personas, su comportamiento, cómo interactuaban, cómo se reunían. Una vez mencionó que en el futuro escribiría un libro sobre las costumbres antiguas en la Tierra.

- A ver, ¿qué sucede? Se nos va a hacer tarde para el cine, comienza en 15 minutos y tú siempre quieres comprar comida antes de entrar a la película.

- Si papá, ya nos vamos. Pero quiero que veas esto antes.

El computador generó una imagen congelada multidireccional. Ésta mostraba a un hombre de unos 20 ó 25 años que daba la rara impresión de estar mirándo justamente en hacia David y María. A su alrededor, la gente pareciera caminar ignorando lo que el individuo estaba haciendo.

- ¿Qué te parece? - dijo ella sin dejar de mirar la imagen - Esta bien, esto es curioso María, pero se trata de un fenómeno estudiado muchas veces dentro de la teoría de no intervención.

- Lo se papá, y ya he revisado toda la información disponible al respecto. Pero este caso es único.

- ¿Único? ¿Por qué lo dices?

- Primero, por la ubicación del individuo. Con base a las imágenes disponibles, calculé su ángulo de observación. ¿Y adivina qué? Él está mirando justamente "hacia nosotros", por decirlo en alguna forma.

- María, sabes que esos cálculos pueden tener un margen de error importante.

- Lo sé. Pero eso no es todo.

- A ver, ¿qué más tienes?

- En los estudios contenidos en la teoría de no-intervención, se han analizado siempre los angulos de observación, tal como yo lo calculé, y las duraciones de este tipo de fenómenos con el fin de demostrar que se trata simplemente de hechos fortuitos. Pero... - María empezó a buscar en algunos libros que se encontraban en el escritorio y leyó de uno de ellos - pero... lo más interesante es que hay 2 eventos de este tipo que no se encuentran registrados en los libros de la teoría, ¡dos eventos con los mismos ángulos de observación que el que yo he calculado!

- ¿Qué? ¿Cómo puede ser eso? Déjame ver - y María entregó a David el libro del que justo había leído la información - ¿Qué libro es este? - dijo mientras lo giraba en sus manos para leer en su portada -¿Dónde conseguiste un libro?

- Papá, en muchas bibliotecas aún hay libros. Este es un resumen de los eventos anuales más importantes en los inicios del Instituto de Implicaciones, cuando aún desarrollaban los principios de la retro-observación. Esto muy segura de que nadie imagina que esta información está disponible y, como puedes ver al final de la sección que presenta los eventos, se dice que éstos deberían ser estudiados en más detalle cuando la tecnología lo permitiera.

- Lo cual nunca sucedió, ¿cierto? O por lo menos no hay evidencia de ello.

- Exactamente - exclamó María estirándose en la silla y mirando a su padre - pero eso no es todo.

- ¿Aún tienes más? ¿En qué has estado usando tu tiempo? ¿Estás abandonando tus responsabilidades en la universidad por esto?

- Papá, tranquilo. Vi la primera imagen hace unos días, pero todo el análisis lo hice esta tarde. Además, hoy es viernes... y esto es muchísimo más interesante.

- Ok, dime más tienes. Se nos hace tarde - dijo tratando de disimular su creciente interés.

- Bien, en los estudios de la teoría de la no-intervención se indica que ninguno de estos eventos ocurre por un largo período de tiempo. Se requiere una duración de al menos 30 segundos para ser detectados automáticamente por los sistemas de vigilancia.

María hizo una pausa, para medir la expectación de su padre. David estaba realmente interesado en escuchar el final.

- Papá - dijo - el invididuo que te mostré en la imagen estuvo allí por 29 segundos.

- Que extraño... ¿Estás segura de que duró exactamente eso?

- Segura, hasta en milésimas de segundo. Pero es que aún hay más: él estuvo allí por 29 segundos... ¡durante 365 días consecutivos! Con calor, lluvia, nieve... con lo que fuera.

- ¿Qué? ¿Estás segura?

- Absolutamente. Y lo que es aún más intrigante es que él no ha estado "allí" en el mismo sitio siempre, sino que a lo largo de ese año cambió de posición milimétricamente cada día para que su ángulo de visión fuera exactamente el mismo SIEMPRE. ¿Qué te parece?

David no sabía que decir. Por una parte, estaba anonadado por el análisis de María. Lo que ella había hecho en una tarde era el trabajo de días o semanas de gente muy especializada, si es que realmente alguien hacía análisis como este. Por otra parte, el asunto mismo le resultaba confuso e intrigante.

- "Apagar" - dijo ella repentinamente y la imagen se desvaneció - ¿Nos vamos papá?

- ¿A dónde? ¿Después de todo esto? - dijo David como volviendo a la realidad.

- ¡Al cine! ¿A dónde más? ¡Quiero ver esa película! - dijo María mientras se movía con prisa - Mañana te puedo mostrar toda la información que recopilé.

- Claro, vamos pequeña - dijo David, tratando nuevamente de disimular lo intrigado que estaba, y sabiendo que a ella no le gustaba que la llamara en esa forma.

- ¡No me llames así! - María replicó golpeándole suavemente en el brazo y sonriendo.

Salieron de la casa rumbo a las cabinas. María iba conversando sin parar, de una cosa y de otra, mientras David hacía un esfuerzo por escucharla. Pensaba nuevamente en que ya hubiesen transcurrido casi 6 años, en cuánto amaba a María y en que su sonrisa todavía era la de una niña, pero que ya estaba dejando de serlo. También pensaba en el hombre de las imagen, mirándole directamente a los ojos.

Esa noche disfrutaron de la película y de la compañía que se brindaban uno al otro.

(Continuará)

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lunes, 18 de febrero de 2013

Café Soledad

¿Quién iba a pensar que te conocería en Café Soledad? Justamente allí, donde los restos de corazones y sueños se acumulan para desecharse al final del día.

Los solitarios llegán allí conducidos por sus penas, pero nosotros en cambio compartimos una mesa, un café y lo que llevabamos dentro. Disfrutamos de la música y nos sentimos a gusto. Mis manos tomaron las tuyas y nuestros corazones se tocaron. Pensamos, imaginamos y soñamos lo suficiente para llenar varias vidas.

Pero la soledad nos pudo más, quizás simplemente debía ser así, y lo nuestro se nos fue. Quizás estaba escrito que aquel libro que encontré una vez en Café Soledad, un libro que hablaba del amor, lo perdería en el mismo lugar.

Quizás lo nuestro duró tan solo un instante, pero siento que duró más, siento que no terminó. A veces pienso que sólo te imaginé y no puedo contener el llanto, pero el recuerdo de tu mirada me salva pues es algo que simplemente no puede ser imaginado.

Muchas veces he vuelto a Café Soledad procurando encontrarte. Allí está nuestra mesa, y también bebo un café. La pena de no encontrarte me conduce allí una y otra vez. Quisiera verte. Y te llevaría a otro lugar.

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domingo, 6 de enero de 2013

Fuera de este mundo (final)

De acuerdo a nuestros cálculos, debes estar ahora en el límite del alcance de nuestros instrumentos de comunicación. Por eso he decidido enviarte este mensaje. Lamento informarte que nuestro proyecto ha sido oficialmente cancelado. No podemos hacer más. Los argumentos han sido los esperados: no se pueden tomar más riesgos y las pérdidas ya han sido suficientes. Sin embargo, y esta información es extraoficial, hay esperanzas de que un proyecto similar, impulsado por otros participantes, tenga como destino el planeta. Cuenta con más recursos y los científicos e ingenieros involucrados han seguido un camino tecnológico un poco diferente que les puede permitir mayores avances... pero también pueden representar un gran fracaso. De acuerdo al plan, deberían estar en posición de colocar una nave en el planeta cuatro años después de tu llegada al mismo. Esto es todo lo que se... y ni siquiera puedo decirte que es información oficial. Lo siento. Por favor, no pierdas las esperanzas.

Le tomó varios días reunir el valor para escuchar el tercer mensaje. Pero pensó que no tenía nada más que perder.

A pesar del mensaje, cada dìa se repetía conscientemente que no debía albergar esperanzas. El programa de la misión le permitiría transmitir un resumen de los resultados ehasta la Tierra, pero demoraría años en llegar hasta allí y la tecnología para hacerlo nunca había sido probada. El volumen de información, análisis y resultados quedaría especialmente protegido en la nave, esperando la llegada de misiones futuras. Porque casi con seguridad algún día los humanos llegarían a poblar el planeta.

Pero muy dentro de ella, esperaba que algo sucediera. Soñaba escuchar el sonido atronador de alguna nave, su presencia oscurenciendo el cielo.... o quizás recibir un mensaje, quién sabe de donde...

Y entonces se cumplieron 4 años en el planeta tal como decía el mensaje, y nada sucedió. Quiso engañarse a si misma pretendiendo que no sabía la fecha exacta, como muestra de que no guardaba esperanza alguna, pero casi contaba las horas. Quizás era un poco tonto pensar que algo pasaría exactamente ese día, pero no pudo evitar llenarse de decepción.

Desde entonces se sintió más vacía por dentro.

Pero ahora mismo, el sonido inconfundible y atronador de una nave que tanto imaginó era bastante real y la estaba dejando sorda. Todo vibraba a su alrededor.

Se levantó rápidamente y fue a calzarse sus botas para poder salir. En ese momento se miró al espejo y sintió como si lo volviera hacer desde aquel día recién llegada al planeta. Allí miró a una persona para quien el tiempo indudablemente ha pasado... estaba delgada, el cabello bastante lacio le llegaba a los hombros, y sus ojos quizás lucían un poco cansados y tristes... pero aún pudo reconocerse. Y sintió que aun conservaba belleza y femineidad. Sintió que aún tenía vida.

Se dirigió corriendo a la puerta mientras el sonido empezaba a hacerse menos intenso, y le aterró la idea de que quien manejaba la nave hubiese cambiado de idea y se estuviese marchando. Pero el sonido era más leve pero también más cercano, así que dedujo que simplemente había aterrizado.

Por fin salio, sintiéndose un poco desorientada pero enseguida miró a la izquierda, que era desde donde venía el sonido. Sus ojos se toparon con una nave que, a primera vista, tenía la forma y geometría de algo que pudiera haber sido construido en la Tierra. Sin embargo, era un poco más pequeña que la suya. ¿Y si era un vuelo no tripulado? Eso sería, después de todo, una decepción colosal. Aguardó hasta que los motores de la nave se detuvieron por completo. Entonces se hizo un silencio que le pareció denso... y eterno.

Transcurrió 1 minuto... 2 minutos... nada. Pensó nuevamente en la posibilidad del vuelo no tripulado y concluyó que no tendría sentido.

5 minutos.

Por fin, algo que parecía se una puerta empezó a mostrarse en el costado de la nave que miraba hacia ella. Y ésta se abrió completamente, lo suficiente para que una silueta que parecía humana se apreciara en el umbral. La figura dio unos pasos para salir de la nave y comenzó a aproximarse a ella.

Ella no pudo creer lo que veía. Y entonces dijo la última cosa que hubiese anticipado decir en ese momento:

- ¿Qué haces tú aquí?

Él la miro por primera vez en años. Y en su mirada había felicidad, y también tristeza. Respiró profundo antes de responder.

- Lo primero que quiero hacer es decirte nuevamente, en persona, que lo siento - dijo él - se que es demasiado pedir que me perdones por todo lo que hice, por todo lo que has pasado, pero lo único en que he pensado en los últimos años, cada día, es estar frente a ti para decirte que lo siento.

Ignorando lo que acababa de escuchar, ella le preguntó sobre la nave y cómo había sido él quien llegara allí. Él trató de resumir una historia de años en unas pocas palabras.

- Existía un proyecto paralelo al nuestro que estaba siendo desarrollado con la colaboración de diversas partes. Muchos recursos, pero sobre todo un enfoque tecnológico fresco y novedoso. Lograron desarrollar una nave más eficiente y más rápida, capaz de hacer cosas que a nosotros nos hubiesen llevado quizás 100 años en lograr. Pero aún este caso los abundantes recursos se agotaron, sólo se disponía de una nave y entonces el programa de tripulantes se complico.¿Cómo enviar a una persona sola? Dijeron que podrías haber muerto y que tendrían que "sacrificar" a alguien enviándolo sólo al planeta. Yo había estado tratando de entrar al programa por mucho tiempo, hasta que un día me llamaron. No lo dudé ni por un instante.

Ella, que había estado tratando de que su lado científico se mantuviera a flote, no pudo contener finalmente tanta rabia y se abalanzó sobre él. Comenzó a golpearlo en la cabeza, en el pecho, en los brazos y las lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas. Le gritó cuánto lo odiaba por lo que había hecho. Él no hizo ningún intento por defenderse.

- Por favor déjame terminar - dijo mientras la tomaba por los brazos - déjame terminar, que aún hay más.

- ¿Qué más puede haber? ¿Qué pretendes al venir aquí?

- Si hay más. Como dije antes, esta nave es mucho más eficiente y rápida, además de ser increíblemente maniobrable. Es suficientemente avanzada para aprovechar toda lo que sabemos sobre los agujeros de gusano y moverse en el espacio. El viaje desde la Tierra sólo tomó dos años y medio, pero podría llegar en aún menos. Y, además, está capacitada en para volar de regreso... a casa.

Al escuchar esto, consiguió calmarse por fin. Las miradas de ambos se encontraron.

- La nave puede llevar sólo una persona de regreso... y estoy autorizado para relevarte en tu misión. Sólo tienes que llevarte toda la información experimental que has recabado. Les he dicho que quiero quedarme, y puedo entrenarte en todo lo que necesitas saber sobre la nave. No importa lo que decidas, yo no voy a regresar, vine para quedarme.

- ¿Y tú esperas que, con esto, todo quedé atrás y así olvide lo que hiciste? - espetó ella con frialdad.

- Lo que hice no lo puedo cambiar. No puedo recoger el dolor que esparcí en tu vida. Pero en este momento, te ofrezco todo lo que tengo. En verdad, el aspecto científico de la misión no me importa. Haré todo lo que tenga que hacer porque es lo mejor para la raza humana... pero la verdadera razón de involucrarme en la misión has sido tú, primero para estar contigo y luego, cuando supe que la nave estaba capacitada para regresar, para ofrecerte esa posibilidad. Nunca quise que perdieras la esperanza, por eso hablé con el director de nuestro proyecto para que te enviara un mensaje. Revelar esa información pudo haber significado verme fuera de esto, pero necesitaba tomar el riesgo.

Ella lo miraba incredulidad. No sabía que decir.

- Una vez más tengo que decirte que lo siento. Simplemente tuve mucho miedo, aunque jamás quise hacerte daño.

Ella dio media vuelta y caminó nuevamente hacia su nave, de donde no salió en horas. Él, después de permanecer un buen rato de pie entre las dos naves, se dedicó a comprobar las mediciones registradas durante el viaje y a organizar un pequeño campamento.

Cuando se hizo de noche, ella por fin salió. Él estaba sentado en una roca a unos 20 metros de la nave, contemplando por primera vez el cielo desde el planeta que sería su hogar por mucho tiempo, muy probablemente para el resto de su vida. Ella se sentó a su lado.

- Es hermoso, ¿cierto? - preguntó ella - Si, lo es... mucho... - respondió él.

Guardaron silencio durante minutos, hasta que ella dijo:

- Me hiiciste muchísimo daño... a pesar de quien soy, no me será fácil perdonarte.

- Te entiendo.

Ella respiró profundo e hizo silencio. Se sintió nuevamente tranquila después del día de hoy, después de 5 años. Habló finalmente.

- Mañana será un largo día, tengo que ponerte al tanto del avance de los experimentos. Pero pasado mañana será domingo, creo que podemos tomarnos el día libre. Puedo llevarte a la playa.

Se miraron brevemente, dedicándose una sonrisa tímida. Luego, contemplaron las estrellas por horas hasta que el sueño los venció.

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