sábado, 29 de diciembre de 2012

Fuera de este mundo (II)

Un bip de su transmisor la trajo de nuevo al presente. Llevó la mano a su cintura, tomó el aparato y leyó el mensaje de la computadora, que indicaba que los frutos "nativos" que estaba analizando no eran aptos para el consumo humano.

Los meses de investigación habían arrojado algunas pistas sobre la historia del planeta. Desde el inició había llamado la atención de los científicos el hecho de que la atmósfera fuera tan similar a la de la Tierra y, sin embargo, la variedad de formas de vida fuera tan disímil. Ella había formulado una teoría, que se había tornado la más popular entre los expertos, en la que planteaba que la composición original de los gases que rodeaba el planeta, y que debía servir como caldo de cultivo para la aparición de vida, era similar pero no idéntica a la que existió en la Tierra. De este modo, las condiciones ligeramente diferentes se tradujeron en la aparición de diferentes especies, fundamentalmente plantas hermafroditas, que liberaron oxígeno a la atmósfera en un proceso análogo al de la fotosíntesis.

Ella había desarrollado la teoría sobre el planeta con un rigor científico incuestionable, aplicando métodos novedosos y extremadamente avanzados para la recopilación de data de planetas distantes. Y ahora los resultados de la investigación en el planeta iban confirmando todos sus detalles.

Si estuviese en la Tierra, sus descubrimientos le valdrían premios, reconocimiento y admiración, todos ellos merecidos.

Pero estaba en ese planeta, donde no tenía siquiera con quien compartir sus satisfacciones o sus fracasos al final del día.

Los últimos meses habían sido para ella de disciplina y trabajo tremendos. Había estudiado y catalogado casi 150 de las especies vegetales del planeta, principalmente del tipo que proporcionaba frutos de aspecto comestible. Había levantado las estructuras el invernadero, además de sembrar y controlar el crecimiento y adaptación de 50 especies terrestres, todo de acuerdo al plan original de la misión. Las reservas alimenticias traídas en la nave, en forma de nutrientes molecularizados que ocupaban un mínimo espacio, alcanzarían para alimentar 10 personas por 100 años, pero era necesario saber si era posible autosostener una población. El éxito de las misiones futuras de colonización dependía de los estudios que llevaba a cabo.

Devolvió el transmisor a su cinturón, se calzó las botas sin ajustarlas y emprendió el camino de regreso a la nave, dejando atrás la playa. Su mente era nuevamente un hervidero de pensamientos. Le gustaba pensar, le hacía sentirse aún viva, acompañada, aunque frecuentemente no le gustasen los pensamientos que tenía.

Hoy cumplía 5 años en el planeta. Un total de 60 meses de trabajo arduo y mínimo descanso. 60 meses de soledad.

¿Cómo era posible que todo esto le pasara a ella? ¿Por qué? No se consideraba una mala persona, ni había hecho mal a nadie. Hasta en ocasiones ayudaba a alguien que lo necesitaba. ¿Por qué entonces tanta injusticia? Se veía a si misma como una persona que merecía un poco más de la vida. Más allá de sus logros científicos, que eran reconocidos por todos, sentía que merecía amor, ser amada, ser importante y única para un alma gemela. O al menos que alguien quisiese estar a su lado por ser inteligente y exitosa.

En cambio, se encontraba sola en ese planeta, inimaginablemente lejos de cualquier otro ser humano. Abandonada.

Sentía que nadie la había entendido jamás, ni su familia, ni sus pocos amigos, ni sus colegas. Todo y todos la habían ignorado siempre, y ahora más que nunca y de manera definitiva. Había desolación en el mundo en que se encontraba y en su corazón. Por eso, trabajaba sin descanso para no pensar, para olvidar, lo cual funcionaba la mayor parte de las veces... pero no siempre.

Todo la empujaba a pensar que lo que le estaba pasando era su culpa. Siempre se había esforzado en hacer las cosas bien, perfectas para ser más preciso, buscando la atención y consideración de quienes le rodeaban. Pero no importa lo que hiciese, ella no merecía nada de eso.

Al llegar a la nave dedicó dos horas a revisar en detalle los resultados de los análisis recién efectuados. La tecnología utilizada permitía saber si el fruto era nocivo por si mismo o si las interacciones con la bioquímica del ser humano representaban algún aspecto peligro en el corto o largo plazo. Ella había desarrollado la mayor parte de la teoría biológica requerida para desarrollar los aparatos con estas capacidades, además de asesorar directamente las actividades para su construcción y calibración.

Recordó que ese día cumplía 5 años en el planeta. En realidad, no lo había olvidado ni por un instante. Y se sintió como tonta por pensar que algo ocurriría.

Sus esperanzas parecían ser en vano.

Tomó un baño y se metió a la cama con la intención de dormir. Estaba cansada aunque no más que de costumbre, pero quería terminar de una vez el día y dejar de pensar. Cerró los ojos con fuerza.

Esa noche soñó que era niña nuevamente, y que estaba en una casa que era la suya. A través de una de las ventanas de la casa vio un camino, que era nuevo y estaba por andar, y un parque de niños. Todo le resultó familiar. Repentinamente, empezó a escuchar un pitido que venía desde el parque. El sonido se hacía más y más fuerte, más cercano... y más y más y más... sintió miedo, se llevó sus manitas de niña a los oídos y empezó a gritar...

Se despertó gritando también y su grito se confundió con el pitido, que parecía venir de todas partes.

Escuchó con atención, no podía creerlo. No estaba soñando. Todos los radares de la nave, todas las alarmas pitaban desesperadamente. Prestó aún más atención y pudo distinguir un sonido muy potente, como de un trueno continuo, en el exterior de la nave.

Con toda su experiencia no podía equivocarse sobre ese sonido. Y recordó los 5 años pasados, y aquel tercer mensaje que no quería escuchar.

(Continuará)

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martes, 25 de diciembre de 2012

Fuera de este mundo (I)

Ella caminaba por la orilla de la playa, dejando que las olas mojaran sus pies y sus tobillos. Hasta el agua se sentía diferente en ese lugar, tenía una textura más suave, casi como si fuera un gas. Quizás tendría que ver con que la gravedad del planeta era ligeramente menor que la de la Tierra, o por un diferente contenido de sales en ella. O podría ser sólo su imaginación.

La arena le transmitía una sensación muy agradable en cada pisada. Al principio fue dificil no tener cierto recelo de su color verde, pero era tan suave... que no podía resistir el deseo de caminar descalza cada día por la orilla de la playa.

El día había comenzado un poco frío para ser verano, pero no fue necesario usar prenda alguna adicional de ropa. Se detuvo un momento para respirar profundo, dejando que sus pulmones se llenaran de aire muy limpio.

En un lugar como este, todo podría haber sido perfecto.

No pudo evitar recordar el día de su llegada al planeta. Al despertar de su hibernación inducida había dedicado las primeras 4 horas a revisar el estado de la nave y chequear el historial de lecturas de los instrumentos. Todo en orden. El aterrizaje, totalmente dirigido por la computadora, había sido un éxito. Las mediciones de la atmósfera del planeta coincidían perfectamente con lo esperado: condiciones similares a las de la Tierra y perfectamente aptas para la supervivencia humana. Abrió la puerta de la nave y dedicó 2 horas más a recorrer el terreno más inmediato. Comprobó la existencia de un río en las cercanías, tal como se había planificado, y en dos minutos verificó con los instrumentos que el agua era perfecta para su consumo. Era una hermosa tarde de primavera en ese planeta extraño que llamaría "hogar" para el resto de su vida.

Fue entonces cuando regresó a la nave para asearse y descansar. Estaba agotada, quizás por las intensas emociones que estaba experimentando, y sentía la necesidad de tomar un buen baño y dormir en una verdadera cama. Entro a su habitación, se desnudó y justo antes de entrar a la ducha se miró en un espejo por primera vez en 8 años. No supo como sentirse en ese momento, entendía que era inevitable el cambio, después de todo ella era una científica, la mejor del mundo en su área... pero como persona común se asustó un poco. Vió que su juventud estaba quedando atrás. Se obligó a dejar de mirar.

Entro a la ducha y mientras el agua caía sobre ella comenzó a imaginar los eventos de los próximos días y a hacer una lista de sus próximas tareas de acuerdo al programa de la misión. Lo más importante es que él debería llegar exactamente en 5 días. Recordó las discusiones antes del despegue de las naves sobre quién debería ir primero. Al principió, él insistió en que no podría ser ella, por el riesgo que un viaje como éste representaba. Pero un par de meses antes del lanzamiento cambió de idea repentinamente y aceptó que ella estaba mejor preparada y que era la persona más brillante y más calificada para la misión, lo cual era totalmente cierto. Por lo tanto, ella debería tener el honor de ir en la primera nave, y él partiría en la segunda 5 días después.

Le entristeció un poco no poder recordar bien su rostro.

Por supuesto, se analizó también la posibilidad de que ambos viajarán en la misma nave, pero la combinación de requerimentos de masa, peso y velocidad, además de la energía usada en las unidades de hibernación inducida, aspecto crítico de la misión, lo hacían imposible.

Al terminar su baño y antes de irse a la cama, decidió revisar la memoria de mensajes de sonido de la nave. Por lo anticuada de su tecnología, el sistema estaba destinado sólo a comunicaciones de emergencia, en caso que los otros más modernos y de mayor alcance fallaran. Generalmente, las computadoras se encargarían de todo. Pero en sus verificaciones encontró que las comunicaciones funcionaban perfectamente.

Al revisar los mensajes de sonido le sorprendió ver que había 3. Aún pensando que se trataba de un error, verificó las fechas. El primero fue recibido 4 días después de su despegue... el segundo a los 11 meses, y el tercero aproximadamente 2 años después del despegue, cuando la nave se encontraría lo más lejos de la Tierra que un mensaje así podría ser recibido. Más allá, este sistema de comunicación se tornaba inservible.

Escuchó el primer mensaje. Era la voz de él, aún después de 8 años pudo reconocerla.

- Creí que lo mejor era decirte esto con mi propia voz. Y es que... lo siento... no puedo ir... se que esto es sumamente difícil... pero no puedo ir en la segunda nave... no siento que podamos compartir el resto de nuestras vidas juntos, solos. He estado hablando, preguntando... y quizás necesito conocer a otras personas, sumergirme en el mundo y vivir como uno más. He dedicado mi vida a la ciencia, con una disciplina que me ha apartado de los demás. No te lo dije antes porque sería una crisis para la misión, y sé que esto es lo que más quieres en el mundo. Ellos ya lo saben y están entrenando a alguien más, que irá pronto. Te deseo lo mejor...

Increíble. Escuchó el mensaje una y otra vez, casi con incredulidad científica. "Están entrenando a alguién más, que irá pronto". ¿Qué significaba eso? Ellos se habían estado preparando para la misión durante 7 años, ¿cómo pueden estar entrenando a alguien? ¿Será que ellos sabían algo de todo esto con antelación?

Además ¿acaso la misión en si misma no se basaba en que los dos cientificos tuvieran una relación y que quisiera vivir juntos, sólos, en este planeta? Recordó el día en que fue informada sobre el programa por el director del Instituto, que era justamente donde ellos se habían conocido. Le preguntó a ella si podía proponerlos como candidatos ante el Gobierno. Ella dudó por un instante, pero luego respondió diciendo que le parecía una buena idea. En cualquier caso, faltaba mucho para tener que asumir un compromiso definitivo.

Nuevamente le costó recordar el rostro de él, esta vez para poder odiarlo.

Reunió todo el ánimo que le quedaba para escuchar el segundo mensaje. Esta vez era el Director del proyecto espacial mismo quien hablaba.

- Como sabes, hemos estado entrenando un nuevo tripulante para la segunda nave. Pero un gravísimo accidente ha ocurrido en el Centro de Entrenamiento. Han fallecido los 2 candidatos y 10 de nuestros investigadores, y ahora nuestros fondos y nuestras operaciones están comprometidas. Quiero ser honesto contigo, hay personas que ven demasiado riesgo en esto y hablan de olvidar todo y echar a pérdidas lo invertido hasta ahora. Yo quiero ser optimista y estamos trabajando duro para salir adelante. Lo siento... lo siento... lo siento.

Sintió ganas de llorar. Pero levantó la mirada hacia una de las ventanas de la nave y sus ojos se toparon con el atardecer más bello que jamás un ser humano había contemplado.

Se quedó inmovil. No quería escuchar el tercer mensaje.

(Continuará)

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