David revisaba sus notas de la última semana en el computador cuando sonó el comunicador.
- ¿Si? ¿Quién es? - bromeó.
- Papá, ¡sabes muy bien que soy yo! ¿A qué hora vienes?
- Ye estoy terminado, creo que puedo salir en unos 10 minutos.
- ¡OK! ¡No llegues tarde!
- No hay problema, un be... - su hija se desconectó sin que él pudiera terminar la frase.
Como todos los viernes, esa era noche "familiar", en la cual David y María salían, generalmente al cinema a menos que ella decidiera que ninguna película realmente valía la pena. Sin embargo, ya David había sido debidamente informado de todos los detalles de la película que verían hoy.
La revisión de sus notas no arrojó ningún cambio en lo que era su impresión inicial: todo estaba en orden. David siempre había sido de las personas más organizadas en una sociedad en la que la organización lo era todo, pero además gustaba de verificar nuevamente cada asunto antes de cerrarlo definitivamente. Después de decir "apagar", esperó a que la imagen del computador se desvaneciera por completo antes de levantarse de su asiento y dirigirse a la salida.
La sede del "Instituto de Implicaciones" en el que David trabajaba quedaba a unos 500 metros de la estación pública de transportación más cercana. A él le gustaba mucho caminar esa distancia, decía que le recordaba a la forma en que las personas solían hacerlo siglos atrás, en las ciudades de la Tierra.
Al llegar a la estación había varias cabinas desocupadas. Se dirigió a la primera a su derecha, deslizó su tarjeta, dijo su destino en voz alta "casa". Aún no se acostumbraba a la nueva tecnología interpretadora de pensamientos, o más propiamente interpretadora de impulsos cerebrales. Entró a la cabina, escuchó el típico "bip" y cuando retomó consciencia estaba en una de las cabinas de la estación local a cien metros de su hogar. Camino una vez más la distancia, lentamente, pensando. Le parecía imposible que ya hubiesen transcurrido casi 6 años.
Al entrar, le pareció extraño que todas las luces estuvieran apagadas - María, ya llegué, ¿dónde estás? - Ella también acostumbraba a estar esperándolo los viernes de cinema, lista para salir.
- Estoy aquí papá, en el estudio - escuchó. No estaba muy seguro de haberlo logrado, pero no quiso que sonara a reproche sino a broma cuando dijo: - Hija, muchas gracias por la bienvenida tan afectuosa.
- Lo siento Papá, pero es que quiero mostrarte algo.
David se sentía muy orgulloso de María. Ella era una chica inteligente, cuestionadora e inconforme cuando se le obligaba a aceptar las cosas "porque si". Las pruebas escolares habían mostrado que su coeficiente intelectual estaba en el 1% superior entre los individuos "no-mejorados" y por eso había sido aceptada en la universidad tempranamente. Educar a una adolescente como ella era todo un reto pues era una chica muy dulce pero a la vez fuerte y rebelde. A veces le preocupaba la frecuencia con la que se metía en problemas con otras personas, especialmente profesores e instructores, y por su escaso interés en hacer amigos. Al menos, hasta ahora no había escuchado de ella nada aterrador como "¿sabes papá? Me gusta un chico".
Últimamente, María había adoptado como pasatiempo el revisar el material de trabajo que David llevaba a casa. No había ningún peligro de que ella viera algo indebido pues la videoevidencia era automáticamente catalogada y no había forma de sacar información confidencial del Instituto, ni siquiera de su propia oficina. Además, todo el material era, por ley, de carácter público, aunque con ciertas restricciones.
María pasaba horas y horas mirando estos videos. Le interesaba ver las ciudades, los medios de transporte, la tecnología, pero sobre todo le interesaban las personas, su comportamiento, cómo interactuaban, cómo se reunían. Una vez mencionó que en el futuro escribiría un libro sobre las costumbres antiguas en la Tierra.
- A ver, ¿qué sucede? Se nos va a hacer tarde para el cine, comienza en 15 minutos y tú siempre quieres comprar comida antes de entrar a la película.
- Si papá, ya nos vamos. Pero quiero que veas esto antes.
El computador generó una imagen congelada multidireccional. Ésta mostraba a un hombre de unos 20 ó 25 años que daba la rara impresión de estar mirándo justamente en hacia David y María. A su alrededor, la gente pareciera caminar ignorando lo que el individuo estaba haciendo.
- ¿Qué te parece? - dijo ella sin dejar de mirar la imagen - Esta bien, esto es curioso María, pero se trata de un fenómeno estudiado muchas veces dentro de la teoría de no intervención.
- Lo se papá, y ya he revisado toda la información disponible al respecto. Pero este caso es único.
- ¿Único? ¿Por qué lo dices?
- Primero, por la ubicación del individuo. Con base a las imágenes disponibles, calculé su ángulo de observación. ¿Y adivina qué? Él está mirando justamente "hacia nosotros", por decirlo en alguna forma.
- María, sabes que esos cálculos pueden tener un margen de error importante.
- Lo sé. Pero eso no es todo.
- A ver, ¿qué más tienes?
- En los estudios contenidos en la teoría de no-intervención, se han analizado siempre los angulos de observación, tal como yo lo calculé, y las duraciones de este tipo de fenómenos con el fin de demostrar que se trata simplemente de hechos fortuitos. Pero... - María empezó a buscar en algunos libros que se encontraban en el escritorio y leyó de uno de ellos - pero... lo más interesante es que hay 2 eventos de este tipo que no se encuentran registrados en los libros de la teoría, ¡dos eventos con los mismos ángulos de observación que el que yo he calculado!
- ¿Qué? ¿Cómo puede ser eso? Déjame ver - y María entregó a David el libro del que justo había leído la información - ¿Qué libro es este? - dijo mientras lo giraba en sus manos para leer en su portada -¿Dónde conseguiste un libro?
- Papá, en muchas bibliotecas aún hay libros. Este es un resumen de los eventos anuales más importantes en los inicios del Instituto de Implicaciones, cuando aún desarrollaban los principios de la retro-observación. Esto muy segura de que nadie imagina que esta información está disponible y, como puedes ver al final de la sección que presenta los eventos, se dice que éstos deberían ser estudiados en más detalle cuando la tecnología lo permitiera.
- Lo cual nunca sucedió, ¿cierto? O por lo menos no hay evidencia de ello.
- Exactamente - exclamó María estirándose en la silla y mirando a su padre - pero eso no es todo.
- ¿Aún tienes más? ¿En qué has estado usando tu tiempo? ¿Estás abandonando tus responsabilidades en la universidad por esto?
- Papá, tranquilo. Vi la primera imagen hace unos días, pero todo el análisis lo hice esta tarde. Además, hoy es viernes... y esto es muchísimo más interesante.
- Ok, dime más tienes. Se nos hace tarde - dijo tratando de disimular su creciente interés.
- Bien, en los estudios de la teoría de la no-intervención se indica que ninguno de estos eventos ocurre por un largo período de tiempo. Se requiere una duración de al menos 30 segundos para ser detectados automáticamente por los sistemas de vigilancia.
María hizo una pausa, para medir la expectación de su padre. David estaba realmente interesado en escuchar el final.
- Papá - dijo - el invididuo que te mostré en la imagen estuvo allí por 29 segundos.
- Que extraño... ¿Estás segura de que duró exactamente eso?
- Segura, hasta en milésimas de segundo. Pero es que aún hay más: él estuvo allí por 29 segundos... ¡durante 365 días consecutivos! Con calor, lluvia, nieve... con lo que fuera.
- ¿Qué? ¿Estás segura?
- Absolutamente. Y lo que es aún más intrigante es que él no ha estado "allí" en el mismo sitio siempre, sino que a lo largo de ese año cambió de posición milimétricamente cada día para que su ángulo de visión fuera exactamente el mismo SIEMPRE. ¿Qué te parece?
David no sabía que decir. Por una parte, estaba anonadado por el análisis de María. Lo que ella había hecho en una tarde era el trabajo de días o semanas de gente muy especializada, si es que realmente alguien hacía análisis como este. Por otra parte, el asunto mismo le resultaba confuso e intrigante.
- "Apagar" - dijo ella repentinamente y la imagen se desvaneció - ¿Nos vamos papá?
- ¿A dónde? ¿Después de todo esto? - dijo David como volviendo a la realidad.
- ¡Al cine! ¿A dónde más? ¡Quiero ver esa película! - dijo María mientras se movía con prisa - Mañana te puedo mostrar toda la información que recopilé.
- Claro, vamos pequeña - dijo David, tratando nuevamente de disimular lo intrigado que estaba, y sabiendo que a ella no le gustaba que la llamara en esa forma.
- ¡No me llames así! - María replicó golpeándole suavemente en el brazo y sonriendo.
Salieron de la casa rumbo a las cabinas. María iba conversando sin parar, de una cosa y de otra, mientras David hacía un esfuerzo por escucharla. Pensaba nuevamente en que ya hubiesen transcurrido casi 6 años, en cuánto amaba a María y en que su sonrisa todavía era la de una niña, pero que ya estaba dejando de serlo. También pensaba en el hombre de las imagen, mirándole directamente a los ojos.
Esa noche disfrutaron de la película y de la compañía que se brindaban uno al otro.
(Continuará)
Todos los derechos reservados A.F.
lunes, 25 de febrero de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Café Soledad
¿Quién iba a pensar que te conocería en Café Soledad? Justamente allí, donde los restos de corazones y sueños se acumulan para desecharse al final del día.
Los solitarios llegán allí conducidos por sus penas, pero nosotros en cambio compartimos una mesa, un café y lo que llevabamos dentro. Disfrutamos de la música y nos sentimos a gusto. Mis manos tomaron las tuyas y nuestros corazones se tocaron. Pensamos, imaginamos y soñamos lo suficiente para llenar varias vidas.
Pero la soledad nos pudo más, quizás simplemente debía ser así, y lo nuestro se nos fue. Quizás estaba escrito que aquel libro que encontré una vez en Café Soledad, un libro que hablaba del amor, lo perdería en el mismo lugar.
Quizás lo nuestro duró tan solo un instante, pero siento que duró más, siento que no terminó. A veces pienso que sólo te imaginé y no puedo contener el llanto, pero el recuerdo de tu mirada me salva pues es algo que simplemente no puede ser imaginado.
Muchas veces he vuelto a Café Soledad procurando encontrarte. Allí está nuestra mesa, y también bebo un café. La pena de no encontrarte me conduce allí una y otra vez. Quisiera verte. Y te llevaría a otro lugar.
Todos los derechos reservados A.F.
Los solitarios llegán allí conducidos por sus penas, pero nosotros en cambio compartimos una mesa, un café y lo que llevabamos dentro. Disfrutamos de la música y nos sentimos a gusto. Mis manos tomaron las tuyas y nuestros corazones se tocaron. Pensamos, imaginamos y soñamos lo suficiente para llenar varias vidas.
Pero la soledad nos pudo más, quizás simplemente debía ser así, y lo nuestro se nos fue. Quizás estaba escrito que aquel libro que encontré una vez en Café Soledad, un libro que hablaba del amor, lo perdería en el mismo lugar.
Quizás lo nuestro duró tan solo un instante, pero siento que duró más, siento que no terminó. A veces pienso que sólo te imaginé y no puedo contener el llanto, pero el recuerdo de tu mirada me salva pues es algo que simplemente no puede ser imaginado.
Muchas veces he vuelto a Café Soledad procurando encontrarte. Allí está nuestra mesa, y también bebo un café. La pena de no encontrarte me conduce allí una y otra vez. Quisiera verte. Y te llevaría a otro lugar.
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