¿Quién iba a pensar que te conocería en Café Soledad? Justamente allí, donde los restos de corazones y sueños se acumulan para desecharse al final del día.
Los solitarios llegán allí conducidos por sus penas, pero nosotros en cambio compartimos una mesa, un café y lo que llevabamos dentro. Disfrutamos de la música y nos sentimos a gusto. Mis manos tomaron las tuyas y nuestros corazones se tocaron. Pensamos, imaginamos y soñamos lo suficiente para llenar varias vidas.
Pero la soledad nos pudo más, quizás simplemente debía ser así, y lo nuestro se nos fue. Quizás estaba escrito que aquel libro que encontré una vez en Café Soledad, un libro que hablaba del amor, lo perdería en el mismo lugar.
Quizás lo nuestro duró tan solo un instante, pero siento que duró más, siento que no terminó. A veces pienso que sólo te imaginé y no puedo contener el llanto, pero el recuerdo de tu mirada me salva pues es algo que simplemente no puede ser imaginado.
Muchas veces he vuelto a Café Soledad procurando encontrarte. Allí está nuestra mesa, y también bebo un café. La pena de no encontrarte me conduce allí una y otra vez. Quisiera verte. Y te llevaría a otro lugar.
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