Un bip de su transmisor la trajo de nuevo al presente. Llevó la mano a su cintura, tomó el aparato y leyó el mensaje de la computadora, que indicaba que los frutos "nativos" que estaba analizando no eran aptos para el consumo humano.
Los meses de investigación habían arrojado algunas pistas sobre la historia del planeta. Desde el inició había llamado la atención de los científicos el hecho de que la atmósfera fuera tan similar a la de la Tierra y, sin embargo, la variedad de formas de vida fuera tan disímil. Ella había formulado una teoría, que se había tornado la más popular entre los expertos, en la que planteaba que la composición original de los gases que rodeaba el planeta, y que debía servir como caldo de cultivo para la aparición de vida, era similar pero no idéntica a la que existió en la Tierra. De este modo, las condiciones ligeramente diferentes se tradujeron en la aparición de diferentes especies, fundamentalmente plantas hermafroditas, que liberaron oxígeno a la atmósfera en un proceso análogo al de la fotosíntesis.
Ella había desarrollado la teoría sobre el planeta con un rigor científico incuestionable, aplicando métodos novedosos y extremadamente avanzados para la recopilación de data de planetas distantes. Y ahora los resultados de la investigación en el planeta iban confirmando todos sus detalles.
Si estuviese en la Tierra, sus descubrimientos le valdrían premios, reconocimiento y admiración, todos ellos merecidos.
Pero estaba en ese planeta, donde no tenía siquiera con quien compartir sus satisfacciones o sus fracasos al final del día.
Los últimos meses habían sido para ella de disciplina y trabajo tremendos. Había estudiado y catalogado casi 150 de las especies vegetales del planeta, principalmente del tipo que proporcionaba frutos de aspecto comestible. Había levantado las estructuras el invernadero, además de sembrar y controlar el crecimiento y adaptación de 50 especies terrestres, todo de acuerdo al plan original de la misión. Las reservas alimenticias traídas en la nave, en forma de nutrientes molecularizados que ocupaban un mínimo espacio, alcanzarían para alimentar 10 personas por 100 años, pero era necesario saber si era posible autosostener una población. El éxito de las misiones futuras de colonización dependía de los estudios que llevaba a cabo.
Devolvió el transmisor a su cinturón, se calzó las botas sin ajustarlas y emprendió el camino de regreso a la nave, dejando atrás la playa. Su mente era nuevamente un hervidero de pensamientos. Le gustaba pensar, le hacía sentirse aún viva, acompañada, aunque frecuentemente no le gustasen los pensamientos que tenía.
Hoy cumplía 5 años en el planeta. Un total de 60 meses de trabajo arduo y mínimo descanso. 60 meses de soledad.
¿Cómo era posible que todo esto le pasara a ella? ¿Por qué? No se consideraba una mala persona, ni había hecho mal a nadie. Hasta en ocasiones ayudaba a alguien que lo necesitaba. ¿Por qué entonces tanta injusticia? Se veía a si misma como una persona que merecía un poco más de la vida. Más allá de sus logros científicos, que eran reconocidos por todos, sentía que merecía amor, ser amada, ser importante y única para un alma gemela. O al menos que alguien quisiese estar a su lado por ser inteligente y exitosa.
En cambio, se encontraba sola en ese planeta, inimaginablemente lejos de cualquier otro ser humano. Abandonada.
Sentía que nadie la había entendido jamás, ni su familia, ni sus pocos amigos, ni sus colegas. Todo y todos la habían ignorado siempre, y ahora más que nunca y de manera definitiva. Había desolación en el mundo en que se encontraba y en su corazón. Por eso, trabajaba sin descanso para no pensar, para olvidar, lo cual funcionaba la mayor parte de las veces... pero no siempre.
Todo la empujaba a pensar que lo que le estaba pasando era su culpa. Siempre se había esforzado en hacer las cosas bien, perfectas para ser más preciso, buscando la atención y consideración de quienes le rodeaban. Pero no importa lo que hiciese, ella no merecía nada de eso.
Al llegar a la nave dedicó dos horas a revisar en detalle los resultados de los análisis recién efectuados. La tecnología utilizada permitía saber si el fruto era nocivo por si mismo o si las interacciones con la bioquímica del ser humano representaban algún aspecto peligro en el corto o largo plazo. Ella había desarrollado la mayor parte de la teoría biológica requerida para desarrollar los aparatos con estas capacidades, además de asesorar directamente las actividades para su construcción y calibración.
Recordó que ese día cumplía 5 años en el planeta. En realidad, no lo había olvidado ni por un instante. Y se sintió como tonta por pensar que algo ocurriría.
Sus esperanzas parecían ser en vano.
Tomó un baño y se metió a la cama con la intención de dormir. Estaba cansada aunque no más que de costumbre, pero quería terminar de una vez el día y dejar de pensar. Cerró los ojos con fuerza.
Esa noche soñó que era niña nuevamente, y que estaba en una casa que era la suya. A través de una de las ventanas de la casa vio un camino, que era nuevo y estaba por andar, y un parque de niños. Todo le resultó familiar. Repentinamente, empezó a escuchar un pitido que venía desde el parque. El sonido se hacía más y más fuerte, más cercano... y más y más y más... sintió miedo, se llevó sus manitas de niña a los oídos y empezó a gritar...
Se despertó gritando también y su grito se confundió con el pitido, que parecía venir de todas partes.
Escuchó con atención, no podía creerlo. No estaba soñando. Todos los radares de la nave, todas las alarmas pitaban desesperadamente. Prestó aún más atención y pudo distinguir un sonido muy potente, como de un trueno continuo, en el exterior de la nave.
Con toda su experiencia no podía equivocarse sobre ese sonido. Y recordó los 5 años pasados, y aquel tercer mensaje que no quería escuchar.
(Continuará)
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