Tu mirada de gata me hechizó. Recuerdo todo de ese momento. Es una imagen que quedó para siempre impresa en mi mente, cada una de mis neuronas tiene una copia trazada en firme material genético e impulsos eléctricos. Y me lancé detrás de ti, no podía perderte, dejarte ir era un suicidio. Ese dia fui un hombre sin preguntas, sin dudas. Todo lo que tenía que saber lo sabía, y todo ese conocimiento se resumía en una palabra: TÚ.
Y descubrí que tu también eras una mujer sin preguntas.
En fin, dos atomos radioactivos que se atraen antes de la hecatombe.
Siempre nos dijimos que no podíamos ser convencionales, que ese librito no se escribió para nosotros.
Ya entonces estabamos perdidos, no había marcha atrás. Sin guión a seguir, lo habíamos tirado lejos, pero la obra seguía en escena y nos tocaba decir nuestras líneas (eeehhh aaahhh eeehhh aaahhh) Llegó la duda, el miedo, la destrucción. Llegaron las preguntas.
Ahora, se ha hecho de noche y no encuentro el camino. Tengo el guíon polvoriento en mis manos, pero es tarde, no se en qué página vamos.

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