
Por misterios de la computación, algunas teclas de mi laptop no funcionan. Al menos no puedo culpar de esto al Windows Vista, que pienso es la peor broma que nos ha jugado Guillermo Puertas (Bill Gates, para los amigos).
Entre las teclas que no funcionan están las de los signos de interrogación. Por eso, entre otras razones, no he agregado nuevas entradas a mi blog recientemente. Mis textos incluyen muchas interrogantes, y me cuesta escribir si no puedo usarlas (es una excusa aceptable, tienes que admitirlo).
Así que pensé acerca de cómo sería vivir un día sin preguntarme cosas. El problema es que yo soy Pepito Preguntón, el fastidioso, el que pregunta cosas cuando todos quieren irse. Y el que sufre más eso soy yo mismo, porque constantemente me cuestiono.
Esto se vuelve más arrecho cuando me pregunto cosas cuyas respuestas desconozco. Es que yo soy así, no me gustan las cosas fáciles, prefiero lo jodido, lo que te hace trasnochar. Así nos pasa en la vida, o por lo menos en la mía. A veces siento que no puedo dar un paso sin cuestionarme su pertinencia e idoneidad (escogí las dos palabras más difíciles que me vinieron a la mente), si le va a doler a alguien o no, si mis principios me lo permiten, etc., etc.
Te puedo decir: yo he tomado decisiones que han cambiado mi vida, he respondido a algunas preguntas que me he planteado. Tú, seguramente, también lo has hecho. Pero vamos, tú sabes: nos cuesta mucho responder a las preguntas realmente importantes! Es como entregar un examen en el que respondiste todo... pero que no sabes como saliste hasta que el profesor entrega la nota. Te haces 100 ejercicios para estudiar, pero sabes que sólo te van a preguntar los más difíciles, esos en los que no te dieron las mismo resultados del libro!
Lo peor es que, en este examen, hay muchas partes de autoevaluación, debemos responder en los caminos que hemos tomado.
No es fácil... pero así es la vida... hasta que escuches: "entreguen por favor"
Entre las teclas que no funcionan están las de los signos de interrogación. Por eso, entre otras razones, no he agregado nuevas entradas a mi blog recientemente. Mis textos incluyen muchas interrogantes, y me cuesta escribir si no puedo usarlas (es una excusa aceptable, tienes que admitirlo).
Así que pensé acerca de cómo sería vivir un día sin preguntarme cosas. El problema es que yo soy Pepito Preguntón, el fastidioso, el que pregunta cosas cuando todos quieren irse. Y el que sufre más eso soy yo mismo, porque constantemente me cuestiono.
Esto se vuelve más arrecho cuando me pregunto cosas cuyas respuestas desconozco. Es que yo soy así, no me gustan las cosas fáciles, prefiero lo jodido, lo que te hace trasnochar. Así nos pasa en la vida, o por lo menos en la mía. A veces siento que no puedo dar un paso sin cuestionarme su pertinencia e idoneidad (escogí las dos palabras más difíciles que me vinieron a la mente), si le va a doler a alguien o no, si mis principios me lo permiten, etc., etc.
Te puedo decir: yo he tomado decisiones que han cambiado mi vida, he respondido a algunas preguntas que me he planteado. Tú, seguramente, también lo has hecho. Pero vamos, tú sabes: nos cuesta mucho responder a las preguntas realmente importantes! Es como entregar un examen en el que respondiste todo... pero que no sabes como saliste hasta que el profesor entrega la nota. Te haces 100 ejercicios para estudiar, pero sabes que sólo te van a preguntar los más difíciles, esos en los que no te dieron las mismo resultados del libro!
Lo peor es que, en este examen, hay muchas partes de autoevaluación, debemos responder en los caminos que hemos tomado.
No es fácil... pero así es la vida... hasta que escuches: "entreguen por favor"

1 comentario:
La espera valió la pena..Como dice un comercial de salsa de tomate "Lo bueno se hace esperar"
Esta entrada es genial, me llegó..Me identifiqué con ella..Sigue escribiendo porfa y si tienes preguntas y no puedes usar los signos de interrogación ¿? usa lso acentos que le den tonalidad de questions a la frase y listo...T sigo leyendo ;)
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