sábado, 3 de noviembre de 2012

(Nuestra) maquina del tiempo

Camino muy despacio de regreso al hotel, como alguien no tiene ninguna intención de llegar a su destino. Al dejarte en la estación del Metro te entregué mi ticket como recuerdo de esos días, ese ticket que habías comprado para mí, que se convertía en una de esas cosas que no significa nada y significa muchísimo a la vez.

Me siento extraño. Imagino que cambiar el pasado tiene sus consecuencias. Voy recordando ese momento sobre el que tanto hablamos. Sin embargo, la forma como lo percibo y como me siento al respecto es muy distinta…

Como hacía casi todos los días al regresar del colegio, me bajé de la buseta justo al inicio de la cuadra donde acostumbraba a cruzarme contigo. Lo hacía con toda la intención de encontrarte. Te vi enseguida a lo lejos, pero creo a ti que te tomó algunos segundos verme. Al hacerlo, te pusiste tu media sonrisa para nuestro encuentro y mirabas al cielo, a ninguna parte. Caminabas despacio, no se si ese era tu forma de caminar o sólo lo hacías en estas ocasiones. Me pregunté, como siempre: “¿podré hablarle hoy?”…

Fueron tan pocos nuestros encuentros… y tan cortos… pero sin hablarnos, casi sin mirarnos, nos dijimos tantas cosas y sembramos algo que perdura para siempre.

En 3 días construimos nuestra máquina del tiempo y cambiamos el pasado, partimos del hoy e hicimos el ayer diferente. Ahora mis recuerdos me dicen que hemos estado juntos toda la vida.

Ya voy a llegar al hotel. Me siento extraño. Cambiar el pasado me hace llorar. Pero no me importa pagar ese precio por recordar toda una vida junto a ti.

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