Decidió sentarse a descansar un rato. Aún no era tarde, pero no logró reunir suficientes motivos para seguir caminando.
Había un árbol a un par de metros del camino, no demasiado grande, pero si lo suficiente para brindar algo de sombra. Creyó que era un árbol de guayaba, muy parecido a otro que había encontrado hace mucho tiempo. Allí se sentó. En realidad no hacía tanto calor, pero la visión de la sombra del árbol era acogedora y refrescaba el alma.
Optó por quitarse también los zapatos, sacudiendo algo del polvo en ellos. Sintió como sus pies se refrescaban inmediatamente. Se despojó también del sombrero, nunca había entendido por qué decidió comenzar a usarlo, y se secó algunas gotas de sudor de la frente.
Sentado al pie del árbol, sin zapatos y con la cabeza descubierta, con las piernas un poco flexionadas y los brazos apoyados en las rodillas: así descansó un buen rato, moviéndose apenas por efecto de su respiración. Durmió un poco también y lo disfrutó, aunque igual se despertó cansado.
Mientrás se desperezaba, pudo ver al hombre aproximándose, siguiendo el mismo camino que él estaba siguiendo pero en sentido contrario. No pudo distinguir su rostro de inmediato aunque les separaban apenas unos pocos metros; no parecía joven aunque no tenía cuerpo de viejo. Eso si, lucía sin duda cansado.
El hombre abandonó el camino y comenzó a avanzar hacia el árbol. Al llegar dijo:
- ¿Cómo estás?.
Le sorprendió la familiaridad y confianza de la pregunta. ¿Acaso una conversación entre dos extraños puede comenzar así?. Se sintió incómodo y, sin saber por qué, lo consideró una falta de cortesía, aunque también esto le sonaba estúpido de su parte.
- Bien - fue lo primero que acertó a decir. - Cansado - dijo para redondear.
- Todos estamos cansados querido amigo - replicó el hombre mientras se despojaba de su sombrero, dejando ver un rostro viejo pero que daba la impresión de ocultar parte de los años que en realidad tenía.
Todos estamos cansados.
Pensó en lo incómodo que sentía con esta conversación y en cómo podía darle un vuelco. No se le ocurrió mejor manera que haciendo una pregunta para mostrarse interesado.
- El camino por donde ha venido, ¿es muy largo?.
- Siempre depende de a dónde quieras llegar y por qué estás caminando- contesto el viejo-joven.
Vinieron entonces a su mente tantos recuerdos, tantos pensamientos sobre el origen de su caminar. Ya no recordaba bien por qué había comenzado, ni siquiera le importaba mucho si iba a llegar a algún lado o no. Sólo se sentía cansado y quería, por fin, detenerse.
Se hizo un silencio entre los dos pero, sorprendentemente, ya no era incómodo. Sentía que el hombre lo miraba con aire paternal, con cierta indulgencia y eso le hizo sentirse reconfortado. Finalmente, el hombre habló una vez más:
- ¿Quiéres seguir caminando?
Sabía que esa era la pregunta que él mismo se hacía siempre, cada vez que sentía que todo carecía de sentido.
- Si quiero.
El hombre le devolvió entonces una breve y honesta sonrisa a cambio. Se puso nuevamente su sombrero y extendió su brazo para intercambiar un apretón de manos antes de marcharse. Dió algunos pasos y cuando por fin estaba nuevamente en el camino, se detuvo devolviéndose para decir en voz alta:
- Bonito lugar, bonito este árbol y acogedora la sombra que brinda. Siempre podemos descansar cuando lo necesitamos, cuando el camino se hace duro. No sabemos a dónde vamos y a dónde llegaremos, pero siempre sabemos dónde estamos. Quizas pensemos que no llegamos a ningún lado cuando en realidad llegamos a tantos sitios, en tantas oportunidades... encontramos sombra y cobijo a lo largo del camino.
Sentió que sus ojos se humedacían y su garganta se secaba.
- Adiós amigo - dijo finalmente el hombre mientras retomaba su camino.
- Adiós - dijo con voz entrecortada, alzando su mano en señal de despedida.
Permaneció en silencio algunos minutos, meditando sobre lo que había escuchado.
Miró al cielo y al horizonte, y calculó que aún le quedaban un par de horas de luz si quería reemprender su camino. Pero decidió quedarse un rato más, disfrutando del cobijo que le brindaba el árbol.
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1 comentario:
Simplemente es apasionante,
el viejo es como aquello que sabemos y no reconocemos
me sigue recordando
la sombra del viento
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