Estaba definitivamente aturdido, como si sus pensamientos estuvieran siendo arrastrados, sin control y en círculos, por un tornado. No lograba encajar la idea de que todo tenía que ser un sueño, no podría ser otra manera, en la aplastante percepción de la realidad que le rodeaba.
Se encontraba ahora en una avenida muy amplia y exageradamente limpia, con las aceras y las vías en perfecto estado. Tres canales de circulación corrían en ambas direcciones, separados por una isla de 3 ó 4 metros de ancho que estaba ocupada mayormente por arbustos de medio metro de alto. No se veían semáforos pero si una redoma que parecía servir para controlar el tráfico que confluía en el cruce de la avenida con otra calle más pequeña. Como antes, todo lucía mojado por una lluvia reciente.
De pronto, algo le saco de su trance: un hombre corría en dirección hacia él, moviendo los brazos y gesticulando, quizás gritando algo que, a la distancia, no podía escuchar. A la distancia le pareció que se desplazaba con cierta dificultad, como si cojeara; quizás estaba cansado.
A pesar de estar todavía un poco alejado, comenzó a moverse hacia un lado de la acera con el fin de que el hombre no lo arrollara en su carrera torpe y descoordinada; curiosamente le pareció que éste también cambiaba de dirección, dirigiéndose directamente a él.
- Sería fantástico que ahora un loco corriendo me atropellara – se dijo sarcásticamente a si mismo, en voz muy baja, apenas moviendo los labios.
El hombre no paraba de gesticular. Tampoco parecía avanzar muy rápidamente, a pesar del visible esfuerzo que estaba realizando al correr. Ahora sus gritos – si, eran gritos – casi podían escucharse:
- Jacques!!! Jacques!!!
- Bueno, el loco está llamando a Jacques, asunto resuelto – se dijo, nuevamente en tono sarcástico.
Jacques.
De pronto, comenzó a sentir que si piel se erizaba. Miró tras de si y toda la avenida estaba desierta. Los edificios que alrededor, que no eran muchos, parecían ser de tipo que albergaban sólo oficinas y carentes de actividad en ese momento. ¿Jacques? ¿No era ese el nombre que vino a su mente cuando intentó recordar el suyo propio? ¿No era ese su nombre?
- Jacques! Enfin! Où étiez-vous?
¿Qué? Este hombre le estaba hablando en… ¿francés?!!! Pero, ¿cómo pretendía que le dijera dónde estaba si le preguntaba en francés?
Su corazón comenzó a latirle aún más aceleradamente, sentía que se desvanecía y que un sudor frío comenzaba a surgir de todos los poros de su cuerpo. La frase que este hombre acaba de decirle retumbaba en su mente, una frase en francés.
Este hombre acababa de preguntarle dónde estaba.
Empezó a abrir la boca lentamente para intentar responder. No sabía cómo pero, si había entendido la pregunta, quizás pudiera también responderla.
- Je ne sais pas…
Esperaba que al responder “no lo se” en francés, su acento sonara a extranjero. Sin embargo, le pareció sorprendentemente perfecto.
- Ne sais pas? Ne sais pas? Par Dieu Jacques!
Dedicó unos segundos a pensar en su situación: no podía recordar claramente quién era, no sabía dónde se encontraba y, repentinamente, sabe hablar francés con acento perfecto. Además, frente a sí tenía a alguien que parecía conocerlo y le llamaba por el que creía era su nombre: Jacques.
Miró al hombre nuevamente. Se veía realmente cansado, como si no hubiese dormido bien en mucho tiempo. El sudor le recorría profusamente por su rostro y cuello, y empapaba buena parte de su cabello. Vestía un traje también gris muy parecido al suyo, y los zapatos de color vino tinto lucían limpios pero opacos, como los de aquellas personas que procuran estar bien vestidos y aseados, pero siempre están de carreras. Tontamente, se puso a pensar en la conveniencia de combinar colores de esa manera, gris y vino, y le pareció poco común pero adecuada.
También estaba seguro que jamás en su vida había visto a este hombre.
Sentía que no podía confiar en él aunque, por decirlo en alguna forma, parecía saber mejor quien era Jacques, que el propio Jacques.
Como de la nada, apareció por una las calles transversales a la avenida un vehículo de la policía a toda velocidad, y que se detuvo abruptamente junto a ellos. Dos oficiales se bajaron de él, dirigiéndose hacia donde estaban Jacques y el hombre.
- Êtes-vous Jacques Martin? – preguntó el mayor de ellos a Jacques y que parecía ser de mas alto rango.
- Oui monsieur, je suis Jacques – Jacques respondió inmediatamente, con la esperanza que ellos pudieran ayudarlo ante tanta confusión.
- Vous êtes en état d'arrestation – dijo el mismo oficial, que continuó diciéndole sus derechos, mientras el otro más joven procedía a esposarlo.
Entonces el hombre que decía conocer a Jacques intervino:
- Désolé monsieur, mon nom est Marc Bernard et je suis ami de monsieur Martin… - pero los oficiales lo ignoraron por completo mientras llevaban a Jacques esposado hacia el vehículo.
Justo antes de subir, Jacques giro su rostro y dijo:
- S'il vous plaît, aidez-moi Marc.
A Jacques no le quedó más remedio que pedir ayuda a quien se llamó a si mismo Marc, que se decía su amigo, y al que nunca había visto en su vida.
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