Me he propuesto un nuevo proyecto de extrema importancia, a ver que les parece: voy a raparme la cabeza y hablaré de este hecho en Twitter y hasta quizás en Facebook. También incluiré una foto de la rasuradora en estos medios (tendré que usar por primera vez twettphoto), con restos muy pequeñitos de cabellos, como una prueba más de tan magno acontecimiento.
Imagino que te parecerá importante que yo haga esto, ¿no? ¿Noooooo?
Bueno, no te preocupes, a mi tampoco.
Sin embargo, para algunas personas esto si parece ser importante. Me refiero a que alguien se rape la cabeza, lo anuncie por Twitter y hasta ponga fotos.
Quien hizo esto fue Alejandro Sanz, y aquí está la prueba: http://tweetphoto.com/32348045. Por supuesto, me podrás decir: "bueno Armando, pero se trata de Alejandro Sanz". Eso quizás justifique que más de 16 mil personas hayan visto la foto hasta ayer en la noche y montones la hayan comentado.
Yo no tengo nada contra Alejandro, me parece un artista excelente, me encanta su música y hasta creo que es un buen tipo. Pero esto de ser famoso, no sólo en el caso de Alejandro, lo hemos llevado al exceso.
El punto es que a veces se pierde de vista la importancia del ser humano mismo y caemos en este tipo de banalidades. Creo que hay tantas personas haciendo tantas cosas buenas y, de seguro, más importantes que raparse la cabeza y nadie lo sabe, nadie lo promociona.
Ni siquiera le tomamos una foto para ponerla en Twitter, y si la ponemos, seguramente no será tan popular como una razuradora con cabellos.
Estamos mal, pero empeorando.
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